Resulta crucial impulsar la inversión en la restauración de la biodiversidad del capital natural de la Tierra, con el fin de realizar una transición urgente hacia un futuro alimentario saludable y sostenible, y en el mantenimiento del calentamiento global en 1,5 °C. En el reciente Simposio de Inversión de BNP Paribas Asset Management, el profesor Johan Rockström, codirector del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, no se anda con rodeos a la hora de explicar por qué la inversión debe alinearse con las dietas saludables para el planeta.
Este artículo de Johan Rockström forma parte de nuestra serie de conferencias sobre inversión en las que presentamos nuestras reflexiones sobre cuestiones importantes. Para esta serie nos basamos en el Simposio de Inversión anual, un destacado encuentro en el que los profesionales de la inversión de BNP Paribas Asset Management profundizan en las cuestiones que configuran el futuro. Este encuentro sirve también de marco para que ponentes expertos de gran nivel aporten nuevas ideas sobre los retos de nuestro tiempo, poniendo a prueba nuestras convicciones y haciendo que nos replanteemos nuestras ideas.
Desde una perspectiva científica, el objetivo de 1,5 °C es un límite planetario. Sin embargo, incluso si, en el mejor de los casos, se cumplen todos los planes de cero emisiones netas y todos los compromisos relacionados con el metano, la deforestación y la transformación de alimentos, el mundo sigue camino de alcanzar temperaturas un 1,8-1,9 °C más altas [1]. Para lograr el objetivo de subida de la temperatura global media de 1,5 °C es necesario hacer algo más.
Revolución de la agricultura en una única generación
Lo que hace falta es que el sistema global alimentario, que actualmente es la mayor fuente neta de emisiones, se convierta en un sumidero neto. Eso significa emprender una revolución agrícola en una sola generación, así como mantener los sumideros de carbono que todavía existen en nuestros ecosistemas, con su capacidad de absorber y almacenar carbono en los océanos y terrenos. En resumen, no permitir que el calentamiento global supere los 1,5 °C implica permanecer dentro de los límites planetarios.
Si somos capaces de avanzar hacia una producción sostenible de alimentos saludables, tendremos opciones de regresar a límites planetarios seguros. Eso significa no alterar el estado de la Tierra que ha permitido el desarrollo de la civilización humana en los últimos dos milenios, siendo esto la condición previa para que continúe la civilización y el desarrollo tal como lo conocemos.
Estamos viendo episodios de calor, lluvias, sequías e incendios extremos donde la primera víctima es el sistema alimentario. Lo irónico es que si ese sistema es la razón principal de la desestabilización del clima y los hábitats que sustentan la vida, también es la principal víctima de las consecuencias negativas que él mismo genera. La cuestión es que el sistema alimentario afecta a la Tierra y esta le devuelve el golpe.
Nos enfrentamos a una serie de problemas interrelacionados: una crisis climática, una crisis sanitaria y una crisis del ecosistema. Al expandirse la agricultura a hábitats de vida salvaje intactas, hay un mayor riesgo de que surjan brotes virales procedentes de animales; virus como el que causa el COVID-19, que se transmiten de otras especies a los humanos. Para que la recuperación pos-COVID sea sólida, debemos mantener intacta la naturaleza, y eso solo puede hacerse mediante una agricultura inteligente.
Es imprescindible tomar medidas al respecto
Aunque podamos mantener la subida de la temperatura en 1,5 °C, posiblemente estemos condenando a las futuras generaciones a un aumento del nivel del mar irreversible de como mínimo dos metros [2]. Tardaría 2.000 años, pero sería irreversible. Y si la temperatura subiera hasta 2 °C, el aumento del nivel del mar podría alcanzar hasta seis metros… Algo también irreversible. La pregunta es, ¿cuándo pulsamos los botones del cambio imparable?
Hoy día, con los objetivos fijados de emisiones nacionales para 2030, nos dirigimos hacia un aumento de 2,4 °C [3]. Aunque el sistema de la Tierra se regula a sí mismo, su capacidad de absorción de CO2 está empezando a deteriorarse.
Es imperativo realizar la transición hacia auténticas soluciones basadas en la naturaleza (agricultura restaurativa y regenerativa y sistemas alimentarios sostenibles) en el marco de la gestión activa de la biosfera. No podemos permitirnos el lujo de perder los sumideros de carbono terrestres y marinos porque no podremos recuperarlos en biomasa y ecosistemas vivos a tiempo para evitar alejarnos de un sistema climático gestionable.
El coste real del sistema alimentario global excede su valor de mercado
Entonces, ¿cómo puede adaptarse el sistema alimentario de forma que deje de ser el principal transgresor de los límites planetarios en lo que respecta a los gases de efecto invernadero, la pérdida de biodiversidad, la expansión de las explotaciones agrarias, el consumo de agua potable y la aplicación excesiva de fertilizantes?
Además de causar daños al medioambiente, el sistema alimentario perjudica la salud pública y la economía con la comercialización de alimentos ultraprocesados con gran contenido de grasas saturadas, azúcar y sal. Estos productos causan enfermedades crónicas y provocan la muerte prematura de unos 11 millones de personas al año con costes considerables.
Según un estudio [4], los costes estimados de los daños ocultos que el sistema alimentario causa al medioambiente, la salud y la economía ascienden a 12 billones de dólares, una cifra que supera con creces el valor total de mercado del sistema, cifrado en 10 billones de dólares. Nos estamos jugando mucho.
La adopción de una dieta saludable devolverá a la humanidad a un espacio operativo seguro
La introducción de prácticas agrícolas sostenibles, la reducción de la pérdida y los residuos de comida en un 50% y la adopción de dietas más saludables pueden hacer que volvamos a estar dentro del espacio operativo seguro para el clima y el uso de tierras de cultivo. También pueden mitigar considerablemente los riesgos que entraña rebasar otros límites planetarios (consumo de agua, aplicación de fertilizantes y biodiversidad) [5].
Se trata de una oportunidad apasionante en la que todos ganan: salud para las personas y salud para el planeta, simplemente invirtiendo en dietas saludables y en sistemas alimentarios sostenibles.
[1] Véase el Climate Action Tracker: https://climateactiontracker.org/press/Glasgows-one-degree-2030-credibility-gap-net-zeros-lip-service-to-climate-action/
[2] Datos basados en el sexto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg1/#SPM (Grupo de trabajo 1, Resumen para las autoridades, B5.4)
[3] El Climate Action Tracker estima que un aumento de 2,4 °C es el calentamiento al que nos comprometeríamos si se cumplen todas las contribuciones determinadas a nivel nacional https://climateactiontracker.org/press/Glasgows-one-degree-2030-credibility-gap-net-zeros-lip-service-to-climate-action/
[4] Véase sección 2.3 (pág.37) en https://www.foodandlandusecoalition.org/wp-content/uploads/2019/09/FOLU-GrowingBetter-GlobalReport.pdf (metodología contemplada en el anexo técnico B, pág. 14, de https://www.foodandlandusecoalition.org/wp-content/uploads/2019/09/FOLU-GrowingBetter-TechnicalAnnex.pdf)
[5] Información basada en el artículo https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(18)31788/fulltext (véase el gráfico 6 en particular)
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