Los mercados bursátiles de China registraron una gran volatilidad la semana pasada, con fuertes caídas a las que siguieron notables repuntes cuando las autoridades plantearon la posibilidad de flexibilizar la política monetaria. Por contra, los bancos centrales de otras regiones están endureciendo su política monetaria en vista de la escalada de la inflación, que podría acelerarse aún más.
La semana pasada los precios de la energía mostraron ciertas oscilaciones, ya que el crudo Brent aumentó un 10% y el precio del gas natural en Europa cayó en un porcentaje similar. Aunque los precios bajaron desde los máximos registrados a principios de marzo, el Brent y el gas natural todavía son un 25% y 40% más caros, respectivamente, que antes de comenzar el conflicto en Ucrania.
Los mercados bursátiles chinos cerraron su semana más volátil en varias décadas: el 14 y el 15 de marzo, los índices Hang Seng de Hong Kong y de acciones chinas clase A sufrieron caídas del 11% y el 8%, respectivamente. Durante el resto de la semana registraron un repunte superior al 16% y 6%, respectivamente, tras la intervención de las autoridades chinas el 17 de marzo, en la que garantizaron la flexibilización de su política monetaria.
En cambio, muchos otros bancos centrales comenzaron a endurecer su política monetaria a tenor del repunte de la inflación, que podría continuar aumentando ante la presión al alza de los precios derivada de los nuevos cuellos de botella en las cadenas de suministro.
La caída de los mercados chinos de renta variable vino provocada por una serie de catalizadores negativos. Aparte de la crisis entre Rusia y Ucrania, la incertidumbre se apoderó de los inversores tras la exclusión de cotización de ciertas acciones chinas en Estados Unidos, el cierre perimetral de importantes ciudades decretado por China en respuesta a la ola de ómicron del COVID-19 (con los consiguientes perjuicios para el crecimiento de la economía nacional y las cadenas de suministro globales) y las fuertes medidas normativas impuestas en el sector tecnológico del país.
A pesar de esta sucesión de factores adversos, esta situación no salpicó al resto de los grandes mercados en forma de elevada volatilidad (véase el gráfico 1).
¿Qué ha llevado a China a flexibilizar su política monetaria?
Los mercados financieros de China registraron un cambio de tendencia a mitad de semana cuando Pekín realizó una extensa serie de declaraciones sobre diversas medidas políticas destinadas a estimular el crecimiento del PIB, moderar las fuertes medidas normativas y apoyar al maltrecho mercado inmobiliario.
Aún está por ver cómo el país va a mantener sus estrictas medidas contra el covid en un entorno en el que el resto de los países están suavizando las restricciones gracias a las altas tasas de vacunación. Incluso Hong Kong está empezando a relajar algunas de sus medidas más estrictas.
Aunque los datos registrados en los meses de enero y febrero superaron las expectativas del mercado (la producción industrial aumentó un 7,5% interanual, la inversión en activos fijos un 12,1% y las ventas minoristas un 6,7%), aún no reflejaban el impacto negativo de los nuevos confinamientos impuestos para controlar el brote de ómicron.
Por su parte, el impulso del crédito en febrero rompió la tendencia de recuperación observada en los tres meses anteriores al descender un 7,3%, mientras que el índice de gestión de compras (PMI) de sectores emergentes cayó hasta 49,5 en marzo respecto al 53,5 registrado en febrero.
No es habitual que las autoridades chinas declaren expresamente su apoyo a los mercados financieros. Las declaraciones realizadas por las autoridades la semana pasada apuntan a que la ralentización del crecimiento, unida al deterioro de la confianza del mercado reflejado en las fuertes caídas de las cotizaciones, ha superado el «umbral del dolor» de Pekín. Todo ello indujo a las autoridades a actuar para evitar que la fuerte caída de los mercados acabara descontrolándose.
La escalada de presiones bajistas sobre el crecimiento está amenazando el objetivo de China de alcanzar un 5,5% del PIB en 2022, una aspiración que cobra una especial relevancia política en este año de cambio de liderazgo. Así, Pekín podría plantearse una mayor flexibilización de su política monetaria para lograr este objetivo y favorecer la estabilidad política.
Tendencia al endurecimiento monetario en el resto de regiones
En otras regiones, los bancos centrales continúan optando por endurecer sus políticas monetarias, al anteponer la inquietud por la creciente inflación a los riesgos bajistas que se ciernen sobre el crecimiento a corto plazo.
En la eurozona, la inflación general se situó en el 5,9% interanual y la inflación subyacente en el 2,7% en febrero, con presiones de precios generalizadas debido a la subida de precios de la energía, las restricciones en el suministro y la fuerte demanda. La tasa de inflación general de enero, situada en el 5,1%, se revisó al alza hasta el 5,9%.
El BCE se aferra a su decisión de abandonar la política monetaria de orientación expansiva poniendo fin al plan de emergencia frente a la pandemia este mes y reduciendo las compras mensuales previstas en su programa de compra de activos. Ahora el mercado prevé que el primer aumento de los tipos de interés llegue al final del tercer trimestre de 2022 o principios del cuarto.
Por su parte, la Reserva Federal estadounidense no dejó lugar a dudas sobre su política al subir los tipos de interés aplicables a los fondos federales en 25 puntos básicos, tal como se esperaba, y anunciar que comenzará a reducir su balance tras la reunión del Comité del Mercado Abierto (FOMC) del próximo mes de mayo.
Según el nuevo «diagrama de puntos» de la Reserva Federal, la entidad considera que el ajuste de los tipos será 100 puntos básicos superior a lo que esperaban en diciembre. Su presidente, Jerome Powell, ha señalado en reiteradas ocasiones que el banco central podría subir los tipos por tramos de más de 25 puntos básicos si la inflación no se ajusta a las expectativas del FOMC.
Esto ha provocado un fuerte aumento del rendimiento de los títulos del Tesoro estadounidense, lo que sitúa a los bonos del Tesoro rumbo a su peor mes desde 2016. El rendimiento de los títulos del Tesoro a 10 años ha aumentado 48 puntos básicos en lo que llevamos de marzo hasta superar el 2,3%, el nivel más alto desde mayo de 2019.
La pendiente de la curva de tipos del Tesoro está disminuyendo, ya que el rendimiento de los títulos a 2 años ha aumentado 69 puntos básicos desde principios de mes, su mayor subida mensual desde abril de 2004. Las valoraciones del mercado ya reflejan que la Reserva Federal subirá los tipos aplicables a los fondos federales por encima del 2% para diciembre, lo que supone un importante reajuste tras estimar al inicio de 2022 que cerraría el año en un nivel próximo al cero.
El Banco de Inglaterra ha elevado su tipo oficial en 25 puntos básicos. A pesar de su visión pesimista sobre el crecimiento, la entidad decidió mantener un sesgo de endurecimiento monetario que dejaría la puerta abierta a otra subida de tipos en mayo.
En una de sus declaraciones afirmó que «la política monetaria actuaría para garantizar que las expectativas de inflación a largo plazo se mantengan bien ancladas». La inflación, medida por el índice de precios al consumo (IPC) del Reino Unido, aumentó en febrero a una tasa anual del 6,2%, un 5,5% más que en enero, lo que marca la tasa más alta desde 1992.
Los factores que impulsan el aumento de tipos del Banco de Inglaterra parecen diferir de los que motivan a la Reserva Federal. En el Reino Unido, todo apunta a que la inflación viene inducida más por la oferta y los costes (lo cual podría debilitar la demanda al erosionar las rentas reales y los beneficios), mientras que en Estados Unidos es más fuerte la inflación impulsada por la demanda.
El conflicto entre Rusia y Ucrania podría perjudicar en mayor medida a la inflación de la eurozona que a la del Reino Unido, mientras que Estados Unidos se encuentra relativamente protegido de sus efectos. A tenor de esta premisa, lo más probable es que la Reserva Federal sea el banco central que se muestre más propenso a endurecer sus políticas y el BCE el que menos, con el Banco de Inglaterra en un término medio.
Esta tendencia de endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal se ha extendido a los mercados emergentes, primero a América Latina y más recientemente a Asia. La semana pasada, el banco central de Taiwán elevó su tasa de descuento oficial en 25 puntos básicos, el doble de la subida habitual, que suele ser de 12,5 puntos, siendo además el primer aumento de tipos que aplica en 11 años.
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