La Reserva Federal ha subido los tipos de interés en 50 puntos básicos para frenar las fuertes presiones inflacionistas, confirmando así las expectativas del mercado tras el brusco aumento de los rendimientos de los títulos del Tesoro estadounidense y del índice del dólar ponderado en función de los intercambios comerciales. El rendimiento de los títulos a 10 años alcanzó el 3% por primera vez desde 2018.
La atención se dirige ahora a la próxima reunión que la entidad celebrará en junio, ya que los inversores buscan señales que les indiquen si esta última medida marca el inicio de una serie de subidas de tipos por valor de 50 puntos básicos. El Banco Central Europeo despierta también un gran interés, ya que la entidad ha endurecido su discurso ante el nuevo aumento de la inflación registrado en abril, mientras el crecimiento del PIB de la eurozona correspondiente al primer trimestre también subió hasta superar el nivel previo a la pandemia de covid.
Por el momento, parece que la mayor amenaza a corto plazo al crecimiento de la economía mundial se ha desplazado del conflicto de Ucrania a China. El índice chino de gestión de compras registró la semana pasada su nivel más bajo desde la crisis financiera mundial de 2007 y 2008 en un entorno de cierres relacionados con el covid.
Se prevén nuevas medidas de endurecimiento por parte de la Reserva Federal
Además de las subidas de tipos previstas, la Reserva Federal anunció que en junio comenzaría a reducir su balance. El elevado nivel de inflación y la escasez de mano de obra respaldan la subida de tipos anunciada el pasado miércoles.
El banco central no parece muy preocupado por la caída registrada durante el primer trimestre del año por el crecimiento del PIB al 1,4% intertrimestral, como consecuencia del gran déficit comercial. La demanda interna se mantuvo sólida, con un aumento interanual de las importaciones del 17,7% durante el trimestre. El índice manufacturero del Institute for Supply Management cayó ligeramente en el mes de abril, pero continúa indicando expansión. Por lo tanto, en nuestra opinión, no parece probable que un debilitamiento aparente del crecimiento vaya a alterar los planes de endurecimiento de la Reserva Federal.
Por otro lado, según el indicador de inflación preferido por la Reserva Federal, el índice de gastos en consumo personal, la inflación subió al 7,0% en el primer trimestre de 2022, mientras que la inflación subyacente se incrementó al 5,2%, aún muy por encima del objetivo de inflación del 2% fijado por el banco central. La escasez de mano de obra se reflejó en el índice del coste del empleo en el primer trimestre, que subió un 1,4% en su subida trimestral más rápida desde 1989 (véase gráfico 1).
Los mercados acogieron con satisfacción las declaraciones realizadas por Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, que anunció que la entidad realizaría subidas de tipos de 50 puntos básicos en sus dos próximas reuniones, pero que no se plantearía subidas de 75 puntos salvo que los datos relativos a la inflación o los salarios de los próximos meses así lo aconsejaran.
En nuestra opinión, al eliminar de la ecuación las subidas de tipos de 75 puntos básicos, la Reserva Federal podría volver a las subidas de 25 puntos a partir de septiembre. Estas declaraciones tranquilizaron a los mercados, que reaccionaron con fuerza: la renta variable estadounidense repuntó (el índice S&P 500 subió casi un 3% en su mejor día en dos años), el dólar estadounidense se depreció y la pendiente de la curva de tipos aumentó.
El BCE será el siguiente
Durante el primer trimestre, el PIB de la eurozona creció un 5,0% interanual, un 0,4% por encima del nivel registrado en el cuarto trimestre de 2019, antes de la pandemia de covid. La tasa de desempleo cayó un 0,1% y se situó en el 6,8%, por debajo de la previsión del 7,3% que había realizado el Banco Central Europeo (BCE) para 2022. La inflación alcanzó el 7,5% interanual en el mes de abril, y la inflación subyacente en el 3,5%, por encima del objetivo. En nuestra opinión, estas cifras justifican el reciente endurecimiento del discurso del BCE.
No obstante, se registró una ralentización del impulso de crecimiento. La encuesta de confianza elaborada en abril por la Comisión Europea mostró una ligera reducción de la confianza de las empresas y los consumidores, ya que la elevada inflación redujo la capacidad adquisitiva y la guerra de Ucrania ensombreció las perspectivas.
Nuestro equipo de análisis prevé que el BCE ponga fin a su programa de compra de activos el próximo mes de julio y que comience a subir los tipos de interés, con una subida de 25 puntos básicos en septiembre, otra en diciembre y cuatro subidas de 25 puntos en cada trimestre de 2023.
El riesgo para el crecimiento se traslada a China
El crecimiento de la economía china se ha deteriorado recientemente, ante la estricta política de cero tolerancia al covid impuesta por las autoridades para frenar la variante ómicron. Está aumentando el riesgo de que se produzca una contracción económica en el segundo trimestre de 2022. Dicha contracción no solo amenaza al objetivo de crecimiento del 5,5% fijado por el gobierno para 2022, sino que también podría afectar en gran medida a las cadenas de suministro de todo el mundo.
El índice oficial de gestión de compras del sector manufacturero cayó en abril a 47,4 desde el 49,5 registrado en marzo, mientras que el correspondiente al sector no manufacturero cayó de 48,4 a 41,9. El índice de gestión de compras de manufacturas de Caixin, que incluye muchas pequeñas y medianas empresas de las regiones costeras, cayó de 48,1 a 46,0, ya que los problemas logísticos afectaron a importantes ciudades costeras como Shanghái, Jiangsu y Fujian, lo que deterioró en gran medida sus exportaciones y su actividad manufacturera.
La economía china representa casi el 20% de la economía mundial, por lo que la caída de la demanda china frenaría las exportaciones a China, sobre todo de productos procedentes de Asia, materiales relacionados con el gasto de capital de Europa y Estados Unidos y materias primas de América Latina.
La ralentización de la producción y los envíos de China afectaría también a las cadenas de suministro de todo el mundo, justo cuando se esperaba que la producción y la demanda mundiales repuntaran tras la ola de ómicron vivida en Europa y Estados Unidos.
Nuevas medidas de orientación expansiva en China
En la reunión del politburó celebrada la semana pasada y presidida por el presidente Xi Jinping, Pekín se comprometió a redoblar sus esfuerzos para estabilizar la economía, aunque se abstuvo de modificar su política de cero tolerancia al covid a corto plazo.
El politburó pidió un endurecimiento de la orientación expansiva contracíclica, con el uso de todas las herramientas de política monetaria y con la aplicación de nuevas medidas expansivas. En concreto, solicitó un aumento de la inversión en infraestructuras de digitalización, energía limpia, transporte y logística en los principales núcleos urbanos, así como inversiones en conservación del agua e infraestructura rural.
Dichas medidas deberían impulsar la reciente recuperación del crecimiento de las infraestructuras, que podría contribuir en gran medida a mantener el crecimiento del PIB (véase gráfico 2).
Pekín ya ha presionado a los gobiernos locales para que aumenten la construcción y suavicen las medidas del mercado inmobiliario. El politburó también ha pedido a los gobiernos locales que:
- Relajen la normativa del mercado inmobiliario, en particular sobre la demanda de mejora de las viviendas y los ingresos por preventa de viviendas en cuentas de depósito
- Aumenten las medidas de ayuda en materia fiscal y de financiación para las pequeñas y medianas empresas
- Aceleren la autorización de los proyectos de construcción
En respuesta a la reciente inestabilidad registrada por el mercado y a la fuerte caída de la renta variable liderada por el sector tecnológico, el politburó pidió expresamente medidas de ayuda al sector, al tiempo que ultimaba la labor de regulación.
Todo ello debería favorecer a las compañías chinas de comercio electrónico e internet, ya que apunta a una importante reducción de la incertidumbre normativa que lleva afectando al mercado de renta variable durante más de un año.
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