El resultado de la conferencia internacional sobre el clima COP26 que se celebró en 2021 demostró que, aunque los países planifican sus propios esfuerzos medioambientales, la acción climática colectiva resulta más difícil de impulsar. ¿Qué consecuencias tiene todo esto para los inversores? ¿Hay alguna forma de convencer a los gobiernos para que trabajen juntos de una manera más eficaz?
Todos los ojos están puestos en Estados Unidos y China
El modelo de Respuesta Política Inevitable (RPI) establecido por los Principios para la Inversión Responsable de las Naciones Unidas ha ofrecido ciertas previsiones que informan a los inversores sobre el impacto que tendrán en sus carteras las decisiones en materia de política climática. En la elaboración de dichas previsiones, la RPI arroja luz sobre qué políticas influirán en mayor medida en la acción climática.
La base de datos de la RPI muestra que Estados Unidos es el mayor emisor histórico del mundo. Sin embargo, dada su trayectoria de emisiones, tanto la actual como la prevista, China va camino de arrebatarle el título. Por lo tanto, parece justificado suponer que el avance en materia de cambio climático dependerá, en gran medida, de la actuación de ambos países.

Ciertos indicios parecen apuntar a que la negociación es posible. A pesar de las continuas tensiones geopolíticas, el presidente chino Xi Jinping asistió en abril de 2021 a una cumbre virtual sobre el clima organizada por el presiente estadounidense Joe Biden. Durante el evento, el líder chino incluso llegó a comprometerse a reducir su consumo de carbón entre 2026 y 2030, aunque no concretó dicho compromiso. Más tarde, ambos países declararon conjuntamente en la COP26 que trabajarían juntos para mejorar la acción climática en los próximos diez años.
No obstante, también hay razones para el pesimismo. Uno de los titulares que ofreció la COP26 fue el cambio de última hora en la redacción del Pacto Climático de Glasgow. El texto final recogía el objetivo de «reducción progresiva» del carbón, en lugar de «eliminación progresiva», en respuesta a las objeciones manifestadas por China y otros países.
Según las previsiones más optimistas de la COP26, el aumento de la temperatura se limitaría a 1,8 ºC como resultado de las negociaciones, lo que coincidía en cierto modo con las expectativas incluidas en la previsión de escenarios políticos de la RPI, publicada en octubre antes de la cumbre. Según dicha previsión, la contribución nacional de los países desarrollados de aquí a 2030 (es decir, los esfuerzos que hará cada país para reducir sus emisiones) apuntaba a una limitación de temperatura de 1,8 ºC.
Esta cifra es superior al objetivo de 1,5 ºC establecido en el Acuerdo de París sobre el cambio climático. Será necesaria una mayor cooperación intergubernamental y habrá que continuar con las negociaciones.
El punto de vista de los inversores
¿Cómo pueden influir los inversores en las negociaciones sobre el clima? Los pequeños y grandes inversores privados pueden dar a conocer sus deseos a través de acciones individuales y colectivas, como la Declaración Global del Inversor de The Investor Agenda, que se celebra anualmente.
Los inversores pueden influir en la geopolítica de forma indirecta. Pueden instar a las empresas, y especialmente a las que obtienen sus ingresos de actividades contaminantes, a que ajusten sus actividades de presión al objetivo de 1,5 ºC establecido en el Acuerdo de París, y pueden trabajar para garantizar que sus asociaciones comerciales también se ajustan a dicho objetivo.
Lo mismo podría decirse de los esfuerzos destinados a fomentar la adopción de objetivos de cero emisiones netas por parte de las empresas. Además, los inversores pueden proporcionar información a ciertas entidades reguladoras, en lugar de a los responsables políticos elegidos en jurisdicciones clave (por ejemplo, respondiendo a las consultas públicas para nuevas normas de divulgación relacionadas con las cuestiones ESG).
Aunque algunos se sintieron decepcionados con el resultado de la COP26, no cabe duda de que ayudó a sensibilizar sobre algunos de los obstáculos a los que se enfrenta la cooperación internacional en materia de cambio climático.
Por ejemplo, la cumbre puso de manifiesto una grave desconexión entre las naciones desarrolladas y las economías emergentes. Los países más ricos del mundo defienden algunas políticas, como los impuestos al carbono en frontera y la compensación de las emisiones de carbono, que no son vistas necesariamente como algo positivo en otros países.
La COP26 dejó claro que las naciones más pobres sienten que hasta ahora han sido las más afectadas por el cambio climático y que ahora se les pide que colaboren en la acción colectiva.
¿Pueden los inversores hacer frente a los daños históricos y crear una vía para aumentar la cooperación internacional? Podría ser, acudiendo al diálogo para influir en la política pública y corporativa o mediante la asignación de activos teniendo en cuenta las emisiones de carbono de alcance 3.
En la actualidad, las empresas de los mercados desarrollados están reduciendo sus emisiones de alcance 1 y 2 gracias a los acuerdos de externalización con las empresas de los mercados emergentes, lo que hace que sus emisiones pasen a la categoría de alcance 3, que no suele incluirse en el cómputo[1]. Si se trabaja para resolver esta discrepancia, las inversiones en los mercados emergentes pueden resultar relativamente más atractivas desde el punto de vista del clima.
La acción climática en primer plano
La evaluación de los objetivos nacionales en reuniones de la COP se realizará ahora con más frecuencia, ya que el mundo trata de acelerar la acción medioambiental. Por lo tanto, los países y, de hecho, las propias empresas, tendrán que someterse a un control periódico de sus planes para alcanzar el nivel de cero emisiones netas.
Los inversores deberían tenerlo en cuenta. Los países que queden rezagados en el cumplimiento de sus planes podrían ser objeto de una creciente crítica internacional, lo que podría afectar a las carteras con un enfoque global.
Sería aconsejable considerar un escenario de reducción de la cooperación internacional en materia de cambio climático, en el que los distintos países, o grupos de países, actúen por libre. Esta situación podría tener consecuencias en las cadenas de suministro y en las operaciones en general, ya que las multinacionales tienen que enfrentarse a distintas políticas medioambientales.
La posición de BNP Paribas Asset Management
BNP Paribas Asset Management ha asumido un compromiso a largo plazo con la participación en las políticas públicas para avanzar en sus objetivos de sostenibilidad, y cuenta con una exitosa trayectoria en este sentido. Defendemos el fortalecimiento de las cuestiones ESG en el sector financiero y, en términos más amplios, la mejora de la normativa en materia de sostenibilidad en aquellos mercados en los que invertimos.
Mantenemos un diálogo activo con las entidades reguladoras y los responsables políticos, ayudando así a configurar los mercados en los que invertimos y las normas que guían y rigen el comportamiento empresarial. Las políticas públicas pueden afectar a la capacidad de los inversores a largo plazo para generar una rentabilidad sostenible y crear valor, así como a la sostenibilidad y la estabilidad de los mercados financieros y los sistemas económicos, sociales y medioambientales.
Estamos tratando de ampliar nuestra labor de análisis de los datos relativos al carbono con el objetivo de permitir la consideración de las emisiones de distintos alcances en nuestro proceso de inversión. Esperamos que todas estas medidas refuercen nuestra contribución a la solución de la crisis climática.
Bibliografía
[1] Véase Un estudio revela que las empresas estadounidenses eluden sus responsabilidades en materia de cambio climático para obtener más información sobre las emisiones de alcance 1, 2 y 3.
Aviso legal