Lorraine Sereyjol-Garros, directora de desarrollo de negocio de ETF e indexados de BNP Paribas Asset Management, habla sobre las últimas tendencias en el mercado mundial de ETF, valorado en billones de dólares.
¿Qué grandes tendencias ha registrado recientemente el mercado de ETF?
En primer lugar, recordemos que 2024 fue otro año sin precedentes en lo que se refiere a las entradas de capital en el mercado. Las entradas de capital en ETF UCITS se dirigieron sobre todo a fondos de renta variable, especialmente del mercado estadounidense, donde el porcentaje pasó del 20% en 2020 al 50% en 2024.
Durante el año vimos una caída en lo que se refiere al porcentaje de inversiones en ETF con enfoque ESG (cuestiones medioambientales, sociales y de buen gobierno). El porcentaje de entradas de capital en fondos de los artículos 8 y 9 del Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR, por sus siglas en inglés) cayó del 30% en 2023 al 17% en 2024, y los ETF de ESG representaron en torno al 25% de los activos bajo gestión.
Estamos viendo cómo los inversores están reasignando estos productos a otros que muestran las menores diferencias de rendimiento con los principales índices. Algunos índices ESG pueden ser muy selectivos, con fuertes sesgos que pueden penalizar sus resultados y que, por tanto, resultan de menor interés para los inversores.
No obstante, las entradas de capital mostraron una mayor solidez en los ETF de renta fija que en los de renta variable, ya que estos últimos presentan un error de seguimiento reducido en comparación con los índices tradicionales. Desde principios de 2025, casi la mitad de las entradas de capital en ETF de renta fija se han dirigido a productos ESG, mientras que el porcentaje se sitúa en torno al 15% en el caso de la renta variable.
Por último, los ETF han registrado fuertes entradas de capital en 2024, especialmente en el segmento de renta variable, con entradas por valor de 13.000 millones de euros. Las entradas de capital en ETF activos representaron el 7% de los flujos totales, aunque solo representan el 3% de los activos bajo gestión.
¿Qué buscan los inversores institucionales a la hora de seleccionar ETF?
Lo que interesa especialmente a los inversores institucionales en ETF es el índice de referencia seleccionado. Desarrollan un proceso de diligencia debida de la sociedad gestora, principalmente en lo que se refiere a la gestión de riesgos y a su capacidad para replicar el índice con el error de seguimiento más bajo posible.
Estos inversores desean conocer la jurisdicción del vehículo de inversión y los costes. Tienen en cuenta la diferencia de seguimiento, es decir, la rentabilidad superior o inferior a la del índice replicado.
Algunas metodologías permiten ofrecer un ligero rendimiento superior, especialmente en el contexto de los enfoques de réplica sintética. Ese es el caso, por ejemplo, de las estrategias sintéticas basadas en el índice S&P 500, que pueden superar la rentabilidad del índice con la reinversión de los dividendos.
El nivel de liquidez del ETF y el diferencial entre el precio de compra y el de venta pueden ser motivo de preocupación. Cuanto menor sea el diferencial, más cerca estará el precio de transacción del valor liquidativo estimado, lo que supone una ventaja para los inversores.
Los inversores institucionales también suelen querer conocer la base de inversores. Es evidente que no es posible tener una visibilidad total, porque los ETF se cotizan en el mercado bursátil, pero sí que es importante contar con una base de inversores amplia.
¿Cómo utilizan los ETF de renta fija los inversores institucionales, que suelen contar con grandes carteras de bonos?
Tradicionalmente, las aseguradoras gestionan sus carteras de renta fija de manera individual, sobre todo porque están sujetas a una contabilidad concreta basada en el coste histórico, mientras que los ETF y los fondos abiertos se valoran a precio de mercado.
Pero también necesitan diversificar sus carteras con respecto a la deuda soberana denominada en euros. Se han acostumbrado a recurrir a los ETF para aumentar su exposición a aquellas clases de activos con una asignación más periférica, como la deuda corporativa de alto rendimiento o la deuda emergente.
Estos productos han logrado resistir en momentos de crisis, como durante la pandemia de covid, por ejemplo, y ofrecen un buen nivel de liquidez independientemente de las circunstancias gracias a su amplia base de inversores. Dicha amplitud, junto al hecho de que los ETF ofrecen un precio de mercado inmediato a la cartera de renta fija, es lo que ha convencido a muchos inversores para recurrir a estos productos, con independencia de los títulos subyacentes.
En Europa, los principales inversores institucionales, como las aseguradoras, los bancos centrales y los fondos de pensiones, han aumentado su volumen de inversión en ETF de renta fija. También cabe recordar que muchos ETF de renta fija cuentan con atractivas estructuras de comisiones y cumplen con los criterios ESG.
A los inversores institucionales les gustan los ETF porque los índices de renta fija están compuestos por un gran número de títulos y presentan, por tanto, una gran diversificación, mientras que los fondos activos suelen presentar un mayor grado de concentración.
El uso de los mismos índices por parte de los proveedores de ETF, ¿no conlleva un riesgo de concentración de la inversión?
En lo que respecta a la renta fija, los índices más importantes, que son los de Bloomberg (antes Barclays) y JPMorgan, están muy diversificados. Los gestores activos también los utilizan como índices de referencia, no solo los gestores de índices.
En lo que se refiere a la renta variable, y en concreto al índice S&P 500, la presencia de las conocidas como «siete magníficas» ha sido especialmente dominante. Los sólidos resultados registrados por estas compañías explican la fuerte tendencia alcista del índice S&P 500 en 2024. A menudo, los gestores activos se han visto obligados a invertir en estas empresas para asegurarse de igualar la rentabilidad del índice de referencia.
La política de inversión de los inversores institucionales suele utilizar los principales índices como índices de referencia, lo que los lleva a buscar productos cuyos perfiles de riesgo-rentabilidad se aproximen a los de dichos índices. Como hay más de 2.100 ETF en el mercado UCITS, los proveedores de ETF pueden ofrecer numerosas alternativas a los índices tradicionales a aquellos inversores que desean que su exposición a los mercados esté menos concentrada.
¿Seguirá disminuyendo el volumen de activos bajo gestión en ETF climáticos y ESG?
En Europa no, ya que las cuestiones en materia climática y de factores ESG siguen siendo el elemento fundamental de los enfoques de muchos inversores institucionales de la región.
Los índices relevantes han ido evolucionando en los últimos años para satisfacer las necesidades de los clientes y diversificar las oportunidades de inversión. Por ejemplo, ahora contamos con ETF basados en índices ESG que tienen una diferencia de rendimiento mínima con los índices tradicionales. Los inversores reciben estos productos con interés.
El año pasado lanzamos fondos activos ESG artículo 8 y 9 del SFDR que replican la beta del mercado gracias a la aplicación de nuestra propia metodología ESG. La gestión activa nos permite, por ejemplo, adaptarnos rápidamente a los cambios que puedan producirse en la normativa o en materia de etiquetado, así como a las controversias que puedan ir surgiendo.
¿Cuáles son las últimas innovaciones en ETF?
Nuestro lema siempre ha sido innovar, especialmente en el ámbito ESG. Por ejemplo, fuimos la primera gestora en lanzar en 2008 un fondo con bajas emisiones de carbono.
En el mercado, los ETF ya establecidos han funcionado bien. Satisfacen la demanda de los clientes, ya que se diferencian de los fondos activos en que se puede invertir en ellos en cualquier momento.
Pensamos que en 2025 vamos a asistir al lanzamiento de toda una oleada de ETF. Los inversores institucionales buscan ETF que repliquen la evolución del mercado, pero con una rentabilidad adicional (alfa) que cubra las comisiones de gestión.
También vemos interés en los ETF equiponderados y en temáticas de inversión concretas, como las infraestructuras o el hidrógeno. En este contexto, prevemos un renovado interés de los inversores en los fondos temáticos, a medida que vuelva a cobrar importancia la diversificación de las carteras.