Aunque no es inmune a las consecuencias del COVID, la deuda de infraestructura ha mostrado capacidad de resistencia en 2020 y ha seguido generando un nivel estable de rentas a lo largo del año. Dicha capacidad de resistencia resultó especialmente evidente en sectores clave como el de las telecomunicaciones y el de los suministros públicos, gracias a la naturaleza esencial de los servicios que ofrecen.
Extracto de nuestro último informe (en inglés)
Leer DEUDA EUROPEA DE INFRAESTRUCTURA: CAPACIDAD DE RESISTENCIA Y CARÁCTER ESENCIAL EN UN ENTORNO POS-COVID
2020 fue un año increíblemente complicado para los mercados, como consecuencia de los confinamientos provocados por el COVID-19. La incertidumbre resultante aumentó los niveles de volatilidad en la mayoría de las clases de activo.
Aunque no es inmune a los efectos de la pandemia, la capacidad de resistencia y la estabilidad que ha mostrado la deuda de infraestructura la ha convertido en la solución de inversión ideal en un entorno pos-COVID.
La demanda creciente y la revalorización de las energías renovables gracias al proceso de transición energética en el que están inmersos los diferentes países, junto a la tendencia de digitalización, favorecen enormemente a la clase de activo. Para aquellos inversores que estén buscando un flujo estable de rentas con un nivel contenido de volatilidad, la deuda de infraestructura puede ser una solución atractiva para 2021 y años posteriores.
2020: la primera prueba real de los fundamentales
Como clase de activo, la deuda de infraestructura presenta una serie de características que contribuyen a su capacidad de resistencia. Entre ellas destacan la naturaleza física del activo subyacente, las elevadas barreras de entrada y la estabilidad de los ingresos relacionados con la explotación y la construcción del activo.
Estas características han permitido un sólido rendimiento histórico, con bajas tasas de impago y elevadas tasas de recuperación (de 0,34% y 76% respectivamente) si la comparamos con la deuda corporativa de calificación similar[1].
La deuda de infraestructura también suele ofrecer rendimientos relativamente altos, comparada con la deuda corporativa de calificación similar, gracias a la prima de iliquidez. Como los proyectos que se financian suelen tener una vida útil a largo plazo (más de 10 años), los inversores se ven compensados por su compromiso con rendimientos relativamente más elevados.
Gráfico 1: primas de rendimiento de la deuda europea de infraestructura en relación con la deuda corporativa de calificación similar

Fuente: BNP Paribas Asset Management, mayo de 2021, Bloomberg. Deuda corporativa: diferenciales medios ajustados por opciones por calificación crediticia de la deuda corporativa no financiera ((BAML, EN10/EN20/EN30/EN40/HE1C, 30 de abril de 2021). Deuda europea de infraestructura: media estimada basada en una muestra de observaciones del mercado.
A pesar de este atractivo perfil de riesgo-rendimiento, cabe señalar que los inversores que no son entidades bancarias no han podido acceder a la deuda europea de infraestructura hasta finales de la década de 2000, por lo que, desde la perspectiva de la gestión de activos, la pandemia ha sido la primera prueba importante de resistencia para la deuda de infraestructura.
Principales características y fundamentales
En términos generales, la deuda de infraestructura implica la financiación de préstamos para proyectos que proporcionan grandes activos críticos e intensivos en capital que sustentan la actividad económica. La deuda de infraestructura suele financiar suministros públicos, sistemas de generación de electricidad, sistemas de telecomunicaciones, sistemas de transporte (como carreteras, puentes, aeropuertos y redes ferroviarias), así como otras instalaciones fundamentales que ofrecen servicios esenciales.
Grandes activos físicos: los proyectos financiados no son solo grandes activos físicos, sino que además suelen operar en mercados con elevadas barreras de entrada. Estas características favorecen a los inversores tanto desde la perspectiva del riesgo como desde la del rendimiento. Las inversiones en deuda en infraestructura cuentan con una importante garantía subyacente en forma de grandes activos físicos, por lo que existe una mayor seguridad y una mayor tasa de recuperación en caso de que se produzca un evento de crédito importante. Las elevadas barreras de entrada reducen la competencia potencial en los servicios que ofrecerá el proyecto, lo que disminuye el riesgo desde la perspectiva del rendimiento.
Ingresos estables: la deuda de infraestructura suele implicar ingresos regulados o contratados. Un ejemplo de ello es la financiación de una planta de energía fotovoltaica (solar), donde se da prioridad al suministro fuera de la red eléctrica. En este caso hay una aceptación contractual del servicio prestado, lo que garantiza la estabilidad de los ingresos. Además, muchos de los servicios producidos por la infraestructura conllevan un reducido riesgo tecnológico y muestran capacidad de resistencia a los ciclos económicos.
Financiación basada en el flujo de caja: las inversiones en deuda de infraestructura están relacionadas con la explotación o la construcción de un activo o de una cartera de activos. Desde el punto de vista del inversor (o «financiador»), el rendimiento se basa en el flujo de caja, sin que el precio del activo subyacente adquiera una gran importancia.
Elemento de diversificación: la deuda de infraestructura es una clase de activo alternativa, por lo que su naturaleza y características muestran una reducida correlación con los mercados financieros, especialmente con las clases de activos más tradicionales (como la renta variable o la renta fija core).
Deuda europea de infraestructura: capacidad de resistencia que se ve favorecida por las tendencias futuras
2020 fue un año enormemente complicado para los mercados financieros, pero la deuda de infraestructura demostró capacidad de resistencia en términos relativos. Muchos proyectos esenciales continuaron funcionando durante los peores momentos de la pandemia. Esto no solo nos habla de la calidad de la clase de activo, sino también de su capacidad para generar ingresos estables independientemente de las condiciones de mercado.
De cara al futuro, pensamos que la deuda europea de infraestructura está bien posicionada para registrar buenos resultados en los próximos años. La clase de activo podría beneficiarse de las tendencias de digitalización y transición energética, que impulsan la demanda de infraestructuras de telecomunicaciones y energías renovables.
Además, el mercado de infraestructuras va a continuar necesitando financiación para los proyectos que ofrecen servicios esenciales. Teniendo en cuenta estas perspectivas favorables y la fortaleza de los fundamentales que muestra la clase de activo, pensamos que la deuda europea de infraestructura es, y parece que seguirá siendo, una oportunidad de inversión atractiva.
Si quieres saber más sobre el papel que puede desempeñar la deuda europea de infraestructura en la etapa posterior al COVID, puedes leer (en inglés) Deuda europea de infraestructura:capacidad de resistencia y carácter esencial en un entorno pos-COVID, escrito por Karen Azoulay, directora de deuda de infraestructura y gestora principal del BNP Paribas European Infra Debt Fund, un laureado fondo de sostenibilidad.
[1] Moody’s, Default and Recovery Rates for Project Finance Bank Loans, 1983-2019, definición de impago de Moody’s