Desde nuestro último informe sobre bonos sociales de 2022, las perspectivas de mercado para este tipo de bonos de sostenibilidad han cambiado de forma notable: la economía mundial ha logrado superar la pandemia de COVID-19, pero se enfrenta a ciertos problemas como la inflación, la preocupación sobre las medidas de austeridad de los gobiernos y la presión en torno a la transición hacia una economía más verde, inclusiva e igualitaria. En este artículo comentamos la evolución reciente del sector.
La emisión de deuda sostenible se desplomó en 2022 por primera vez en la historia, y cayó de la cifra sin precedentes de 1,1 billones de dólares registrada en 2021 a 863.000 millones en 2022, en línea con los volúmenes de emisión de deuda a escala mundial.
Los bonos sociales fueron los más afectados, ya que el nivel de emisión cayó un 41% y continuó cayendo, aunque de forma más lenta, durante el primer trimestre de 2023 (véase gráfico 1).
No cabe duda de que 2021 fue un año excepcional para los bonos sociales, ya que la pandemia movilizó enormes cantidades de dinero en el marco de la respuesta de las autoridades a las pérdidas de renta y empleo, entre otros problemas relacionados con los cierres decretados a causa de la pandemia.
¿Qué son los bonos sociales?
Los bonos sociales financian actividades que contribuyen a abordar problemas sociales como la desigualdad o el acceso a una vivienda asequible. Los Principios de los Bonos Sociales de la Asociación Internacional de Mercados de Capitales, publicados en 2017, ofrecen unas directrices de carácter voluntario que recomiendan la transparencia y la comunicación de información. Estos principios se han actualizado recientemente.
La emisión de bonos sociales no ha dejado de crecer desde 2017. Durante la pandemia registró un notable aumento, con el fin de financiar el gasto en, por ejemplo, necesidades sanitarias y medidas de protección del empleo.
El mercado de emisión está dominado por un número reducido de entidades. La agencia gubernamental francesa CADES es el principal emisor a escala mundial. Según la publicación Responsible Investor, CADES y el programa SURE de la UE (Instrumento Europeo de Apoyo Temporal para Atenuar los Riesgos de Desempleo en una Emergencia) representan, respectivamente, el 32% y el 33% de la emisión de bonos sociales.
Los emisores corporativos están también entrando al mercado, aunque de manera gradual.
Según los datos ofrecidos por Bloomberg New Energy Finance sobre el primer trimestre de 2023, el 77% de los bonos sociales en circulación proceden de emisores relacionados con el gobierno, el 17% de instituciones financieras (como los bancos) y el resto de empresas no financieras, como las compañías del sector de bienes de consumo básico.
Esta distribución refleja las áreas en las que se pueden abordar directamente los problemas sociales. En los sectores manufacturero y de servicios resulta más complicado hacer frente a estos problemas de manera directa.
No obstante, también encontramos bonos de naturaleza innovadora, como el bono social de EDF, que se utiliza para financiar gastos que favorecen la contratación de proveedores situados en regiones francesas menos favorecidas. Se trata de una medida de responsabilidad social por parte de un emisor corporativo no financiero.
Inversiones de impacto
Muchos inversores tratan de asignar cada vez más capital a inversiones de impacto creíbles, que financien actividades que contribuyan a lograr objetivos de carácter social con un marco claro de comunicación de información para demostrar que su dinero está marcando la diferencia.
No obstante, los proyectos sociales pueden ser muy diversos, desde el acceso a una vivienda asequible a la creación de empleo, por lo que resulta difícil armonizar y unificar los parámetros de medición. El acceso a información clara y detallada puede ser un importante obstáculo para que los inversores puedan llegar a entender cómo sus inversiones mejoran los resultados sociales.
A diferencia de los bonos verdes, que suelen ir destinados a la mitigación del cambio climático y cuyo impacto se puede cuantificar, por ejemplo, en términos de emisiones evitadas, en el caso de los bonos sociales puede resultar complicado calcular el impacto social, ya que los proyectos sociales financiados presentan una gran variedad y los parámetros de impacto pueden también diferir mucho de un problema social a otro.
No obstante, el mercado sigue siendo relativamente joven, y se sigue trabajando para demostrar las ventajas que pueden traer consigo los bonos sociales. La actualización del Marco Armonizado de la Información de Impacto de los Bonos Sociales publicada por la Asociación Internacional de Mercados de Capitales el pasado mes de junio debería ofrecer una mayor claridad al respecto.
«Blanqueo social»
Tomando prestado un término procedente de los mercados de inversión medioambiental, los inversores desean evitar el «blanqueo social» a la hora de invertir en bonos sociales. Aunque el término puede interpretarse de maneras diversas, para nosotros el blanqueo social se refiere a la dificultad para demostrar con claridad que los bonos sociales se utilizan realmente para financiar proyectos destinados a generar resultados sociales positivos.
Por ejemplo, los bonos sociales que financian autopistas que conectan asentamientos urbanos que ya están bien comunicados no aportan ningún resultado social positivo claro.
Utilizamos conceptos como la «ambición», la «especificidad» y la «integridad» como indicadores destinados a evitar el riesgo de «blanqueo social» de nuestras inversiones. Los emisores deben explicar cómo tratan de contribuir a la consecución de objetivos sociales, definir los grupos de población a los que van dirigidos los proyectos y señalar las diferencias sociales, y comunicar cómo el uso de los beneficios ayuda a estas poblaciones a reducir dichas diferencias.
Prevemos que la normativa abordará el problema del blanqueo social en el futuro, en línea con la prohibición del blanqueo ecológico que ha propuesto la Unión Europea.
Conclusión
Los inversores tienen un interés cada vez mayor en generar rentabilidad financiera al tiempo que realizan una contribución positiva a la sociedad, por lo que prevemos un aumento de la demanda de bonos sociales.
Sin embargo, para que la categoría mantenga la credibilidad y atraiga a un mayor volumen de inversiones, todas las emisiones de bonos sociales deben demostrar «ambición», «especificidad» e «integridad».
Se ha registrado una reducción del volumen de emisión, pero somos optimistas con respecto a una futura recuperación. En los próximos años, prevemos el desarrollo del contexto normativo necesario, que favorecerá el crecimiento del mercado. En nuestra opinión, el futuro es brillante para este segmento del mercado.
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