Semanal de mercados - Postales desde Jackson Hole

Todo el mundo estaba atento al discurso que pronunciaría Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal, el pasado 22 de agosto en la cumbre económica de Jackson Hole. Y, efectivamente: sus declaraciones tuvieron consecuencias en los mercados financieros. Powell hizo hincapié en los riesgos a la baja para el empleo, lo que abrió la puerta a un recorte de tipos de interés el próximo 17 de septiembre.

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Podríamos decir que las declaraciones de Powell aportaron un cierto alivio a los mercados, ya que habló de la solidez de la actividad económica en Estados Unidos, de los favorables resultados de beneficios empresariales, con una previsión futura también positiva, de la reducción de las tensiones comerciales y de esperanza en el frente geopolítico.

Como suele ocurrir, la reacción de los economistas a sus palabras fue diversa. Para algunos, el presidente pareció mostrarse partidario de una política de orientación expansiva, lo que justifica el repunte de la renta variable (el índice Dow Jones volvió a marcar un máximo histórico) y la caída de los rendimientos de los bonos estadounidenses. Otros piensan que su discurso apunta a un tono más restrictivo. Según la evaluación realizada por varias herramientas de inteligencia artificial, el tono empleado por el presidente de la Reserva Federal fue neutro.

Preocupación por los datos de empleo

Powell confirmó que la política monetaria estadounidense es moderadamente restrictiva y que podría plantearse un cierto ajuste, dadas las perspectivas de base y el cambiante equilibrio de riesgos. Lo que acaparó la atención fue su cambio de tono en relación con el mercado laboral.

A finales de julio, Powell había hablado sobre la estabilidad de la tasa de desempleo, relacionándola con el equilibrio del mercado laboral. En Jackson Hole, señaló que dicho equilibrio era «curioso», ya que era el resultado de la marcada ralentización registrada tanto en la oferta como en la demanda de trabajadores.

Su conclusión fue que «esta situación tan poco habitual parece indicar que están aumentando los riesgos a la baja para el empleo». Además, señaló que, si dichos riesgos se materializan, podrían hacerlo rápidamente en forma de fuerte aumento de los despidos y del desempleo.

En Jackson Hole, Powell presentó un gráfico (véase el gráfico 1) que mostraba las revisiones del número de empleos creados que habían preocupado a los inversores a principios de agosto. El 9 de septiembre, la Oficina de Estadísticas del Mercado Laboral de Estados Unidos publicará la estimación preliminar de la próxima revisión anual. El periodo considerado es de abril de 2024 a mayo de 2025. Este componente de los datos de empleo, de gran complejidad técnica, acaparará la atención de los mercados.

Gráfico de líneas mostrando el crecimiento mensual del empleo no agrícola.

En nuestra opinión, la intención del presidente de la Reserva Federal era la de anunciar un recorte de tipos de interés en septiembre, pero sin respaldar la serie de recortes que reflejan los mercados de futuros. Aunque comparte la idea de que el aumento de la inflación derivado de los aranceles estadounidenses a la importación podría tener carácter «transitorio», señaló que sigue habiendo otras posibilidades menos favorables, como una dinámica de inflación de mayor duración o el desanclaje de las expectativas de inflación.

Powell concluyó que la concurrencia de riesgos al alza para la inflación a corto plazo y a la baja para el empleo es una situación compleja para la política monetaria, «que, [por tanto], no sigue una trayectoria preestablecida».

Al anunciar lo que parece un ajuste de la política monetaria de la Reserva Federal, poniendo así fin al enfoque que venía aplicando la entidad desde principios de año, que consistía en esperar para ver cómo evolucionaba la situación, podría decirse que la intervención de Jerome Powell en Jackson Hole fue todo un éxito. Logró tranquilizar a los inversores sin molestar más a la Casa Blanca, justo cuando Donald Trump dijo que estaba dispuesto a despedir a una gobernadora de la Reserva Federal (Lisa Cook) por ser sospechosa de fraude hipotecario.

El presidente Trump está tratando de cambiar la composición del Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal. Es probable que Jerome Powell ajustara su discurso y sugiriera un posible recorte de tipos en la próxima reunión para evitar que los miembros del Comité volvieran a votar en contra de dicha decisión en septiembre, tal y como hicieron Christopher Waller y Michelle Bowman en el mes de julio.

¿En qué situación se encuentra la economía estadounidense?

Los indicadores adelantados de los índices de gestión de compras del mes de agosto confirmaron la solidez de la economía estadounidense. El índice compuesto subió hasta alcanzar los 55,4 puntos, el nivel más alto en ocho meses, en línea con un crecimiento anualizado del PIB del 2,5%, que a su vez estuvo en consonancia con el indicador de la Reserva Federal de Atlanta (GDPNow) basado en los datos disponibles a mediados de agosto.

A la vuelta de sus vacaciones de verano, los inversores tratarán de determinar cómo está reaccionando la economía estadounidense a las políticas económicas de Washington.

Gráfico de líneas mostrando los índices PMI de EE. UU. para servicios y manufactura.

Aunque es posible que las últimas cifras de inflación hayan tranquilizado a los inversores, los datos de los índices de gestión de compras mostraron que la inflación había alcanzado el nivel más alto de los últimos tres años. En este contexto, la revisión de las previsiones de inflación que tendrá lugar en la próxima reunión del Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal nos dará una muestra de lo que opinan sobre este riesgo los responsables políticos.

Gráfico de líneas mostrando las tendencias de inflación subyacente IPC y PCE.

Jerome Powell concluyó su discurso de Jackson Hole reafirmando que los «miembros del Comité tomarán sus decisiones basándose exclusivamente en su evaluación de los datos y de las consecuencias en las perspectivas económicas y el equilibrio de riesgos. Nunca vamos a desviarnos de este enfoque».

Fue su manera de reafirmar la importancia de la independencia de los bancos centrales, al igual que hicieron otras autoridades durante la celebración de la cumbre.

Al otro lado del Atlántico

Desde que François Bayrou anunció que plantearía una cuestión de confianza en la Asamblea Nacional francesa, el diferencial de tipos de interés entre Francia y Alemania se ha ampliado y se ha acercado al de Italia. Aún es demasiado pronto para saber si la inesperada decisión del primer ministro francés podría llegar a cambiar las próximas decisiones del Banco Central Europeo (BCE) en materia de política monetaria.

Gráfico de líneas mostrando el diferencial de deuda pública a 10 años para Italia y Francia.

Si le preguntáramos hoy a Christine Lagarde, no cabe duda de que la presidenta de la entidad contestaría, como siempre ha hecho cuando el contexto político ha sacudido los mercados financieros, que el BCE es un banco central independiente, lo que significa que los gobernadores cumplirán con su mandato sea cual sea la situación política.

Si el gobierno de Bayrou no supera la cuestión de confianza, el presidente Macron tendría que nombrar a un nuevo primer ministro o disolver la Asamblea Nacional y convocar unas elecciones generales anticipadas. 

No está claro qué escenario es el que descuenta actualmente el nivel de diferencial entre la deuda pública francesa y la alemana, pero la reacción ha sido más moderada de lo que fue en junio de 2024, cuando Macron anunció de manera inesperada la disolución de la asamblea. Habrá que prestar atención a ciertos factores a medida que nos acerquemos a la fecha prevista para la cuestión de confianza:  

  • Resultado de la subasta de títulos de deuda pública francesa a largo plazo, que se celebrará el próximo 4 de septiembre
  • Decisión de la agencia de calificación crediticia Fitch, que anunciará el próximo 12 de septiembre; la agencia otorga actualmente a Francia una calificación AA con perspectiva negativa  

¿Podría intervenir el BCE?

En una entrevista concedida el pasado 28 de octubre de 2024, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, fue directa al responder a una pregunta sobre la posible intervención de la entidad para tranquilizar a los mercados:

P: «El diferencial entre Francia y Alemania ha pasado del 0,5% al 0,8% desde la disolución de la Asamblea Nacional francesa. El BCE cuenta con un instrumento [el Instrumento para la Protección de la Transmisión] con el que puede intervenir y tranquilizar a los mercados. ¿Están preparados para utilizarlo?   

R: «Hemos dejado muy claras cuáles son las condiciones que tienen que darse para que recurramos a este instrumento. No es algo que nos preocupe en este momento».   

No parece que la situación haya cambiado; el diferencial de la deuda francesa está aumentando, pero sin contagiar a otros mercados de deuda europeos. La semana anterior al anuncio de François Bayrou, los inversores a largo plazo advirtieron el nivel de rendimiento en el tramo largo de la curva francesa y, aun así, siguieron comprando deuda. Por lo tanto, parece que (todavía) no hay motivos para que el BCE tenga que recurrir a un mecanismo de intervención como el Instrumento para la Protección de la Transmisión.

Una vuelta al cole ajetreada

Las decisiones en materia de política monetaria que anuncien en septiembre el BCE y la Reserva Federal deberían estar en línea con las expectativas de los mercados financieros (y de los inversores). No obstante, ello podría cambiar si ocurre algo inesperado de aquí a entonces, ya que conoceremos una gran cantidad de nuevos datos.

Entre ellos, asistiremos a la publicación de los datos de empleo estadounidense el próximo 5 de septiembre, la eurozona dará a conocer sus previsiones de inflación el día 2 y Estados Unidos publicará sus datos de precios de producción y al consumo los días 10 y 11, y Christine Lagarde y Jerome Powell celebrarán sendas ruedas de prensa.

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