Semanal de mercados: Perro ladrador, poco mordedor

A pesar de la preocupación por el posible impacto de los aranceles en el crecimiento y la inflación, los datos recientes muestran que la economía estadounidense sigue estando en plena forma.

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La producción industrial estadounidense creció en junio del 0,0% al 0,3%, frente a las expectativas del mercado, que no preveían ninguna subida. Las ventas minoristas, excluidos los automóviles y el combustible, subieron un 0,5%, superando también las expectativas y mejorando los datos registrados el mes anterior. Durante el mes se crearon además 147.000 nuevos puestos de trabajo no agrícola, más que en mayo y también más de los previstos. Por último, la inflación subyacente, aunque reflejó en parte el impacto de los aranceles a la importación, subió menos de lo que señalaban las expectativas de consenso.

La rentabilidad del mercado de renta variable ha reflejado todo esto. El índice tecnológico NASDAQ 100 subió un 1,8% en las primeras semanas del tercer trimestre, lo que duplicó la subida del índice Russell 1000 Value, pero no alcanzó la rentabilidad del 3,7% que registró el índice Russell 2000 de empresas de pequeña capitalización. Esperamos que la próxima temporada de presentación de beneficios empresariales ofrezca buenos resultados, lo que favorecería nuevas subidas de los índices.

Es precisamente cuando los mercados están más tranquilos (los índices que miden la previsión de volatilidad de la renta fija y la renta variable se sitúan por debajo de su media) cuando hay que empezar a preocuparse.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que no todos los datos económicos han sido tan positivos como se ha dicho.

Los datos de empleo arrojan ciertas dudas sobre el potencial de crecimiento

La mitad del empleo creado durante el mes de junio correspondió al sector público; en el privado, solo se crearon 74.000 puestos de trabajo no agrícola, muy por debajo de la media de 121.000 del año anterior.

Además, la inmensa mayoría de los empleos creados correspondieron al sector de salud y asistencia social (véase el gráfico 1). A pesar de su indudable valor, estos empleos tienen un carácter más asistencial o administrativo que productivo, lo que suscita ciertas dudas sobre el potencial de crecimiento de la economía a largo plazo. Este desequilibrio no es nuevo: lleva siendo evidente desde hace al menos un año.

Por otra parte, si bien es cierto que las ventas minoristas han mejorado, la ganancia media que se ha registrado durante el segundo trimestre de 2025 ha sido inferior a la obtenida en el primero (véase el gráfico 2). Este dato es algo preocupante, ya que el componente de gastos en consumo personal del PIB subió solo un 0,1% en el primer trimestre, lo que marcó el ritmo de crecimiento más lento desde la pandemia de covid. Y también está muy por debajo de la tasa registrada en 2024.

Este año se esperaba una cierta desaceleración de la demanda de los consumidores, ante la reducción del nivel de ahorro de las familias, pero el ritmo parece más rápido de lo previsto. Las cifras de ventas minoristas del segundo trimestre parecen señalar que la demanda de los consumidores, que constituye uno de los principales motores del crecimiento de la economía estadounidense, podría volver a mostrar debilidad cuando se den a conocer las cifras del PIB correspondientes al segundo trimestre a finales de julio.

Aranceles y demanda

Esta debilidad de la demanda de los consumidores podría verse agravada cuando el aumento de los aranceles comience a notarse cada vez más en las tiendas. Por el momento, el impacto de los aranceles no ha sido especialmente acusado: la inflación subyacente interanual subió en junio del 2,8% al 2,9%, pero se mantuvo por debajo del 3,1% registrado en febrero.

No obstante, los subíndices de inflación que más han subido han sido aquellos en los que cabría esperar que el impacto arancelario fuera mayor, por ejemplo, electrodomésticos y ropa.

Si los precios siguen aumentando, la demanda de los consumidores podría debilitarse.

Sin embargo, aún no está claro en qué medida lo hará. En algunos casos, los consumidores solo tienen que optar por sustitutos más baratos fabricados en el país, lo que significa que, aunque algunos productos suban de precio, en realidad el impacto en los precios pagados por los particulares sería escaso o nulo.

Además, es posible que los precios no suban tanto como los aranceles aplicados si los productores o los comercios optan por absorber parte del coste. Además, en cualquier caso, los bienes importados solo representan el 11% del consumo estadounidense, según un estudio realizado en 2019 por el Banco de la Reserva Federal de San Francisco.

Aranceles y beneficios empresariales

La tranquilidad de los mercados financieros parece basarse en parte en la suposición de que las últimas amenazas del presidente Trump, que apuntaban a unos aranceles aún más altos, no se pondrán finalmente en práctica, probablemente porque los principales socios comerciales de Estados Unidos, como la Unión Europea, realizarán las concesiones suficientes como para que la aplicación de estos nuevos aranceles no resulte necesaria.

Si acaba siendo así, la renta variable estadounidense podría recibir un nuevo impulso, ya que dichas concesiones podrían implicar un mejor acceso al mercado o una reducción de los aranceles para los exportadores estadounidenses. 

Según FactSet, la temporada de presentación de resultados empresariales ha empezado bien, con un aumento del 7% de los beneficios hasta la fecha.

Además, el nivel de confianza que se respira en las empresas es bueno. El porcentaje de previsiones positivas sobre los beneficios futuros es superior a la media y presenta una tendencia al alza. Todo ello en contraste con el primer trimestre, especialmente tras el anuncio de aranceles en el llamado «Día de la Liberación», cuando la confianza de los mercados experimentó un fuerte deterioro (véase el gráfico 3).

Conviene tener en cuenta que los aranceles a la importación son positivos, al menos, para algunos productores estadounidenses. E incluso aquellos que podrían verse perjudicados por los nuevos gravámenes, podrían sentir también los efectos positivos derivados de la desregulación, la reducción de los precios de la energía y las oportunidades en materia de fusiones y adquisiciones, factores que podrían llevarlos a mostrarse optimistas con respecto a sus perspectivas.

¿Venta de activos estadounidenses?

Las políticas económicas poco ortodoxas del gobierno de Donald Trump han llevado a algunos inversores a cuestionar el atractivo de los activos estadounidenses, desde la renta variable a los títulos del Tesoro o el dólar.

Hay ciertas dudas sobre las perspectivas de crecimiento a largo plazo de la economía y sobre la voluntad del gobierno de devolver su deuda a los titulares de bonos. Estados Unidos cuenta con la inversión extranjera para financiar su abultado déficit por cuenta corriente.

Los datos de flujos extranjeros correspondientes al mes de abril mostraron ciertos indicios de este cambio de percepción en los inversores extranjeros, con ventas netas de activos estadounidenses. Los reembolsos fueron acusados en términos absolutos, pero no tanto como porcentaje del total de las posiciones extranjeras en activos estadounidenses.

No obstante, los datos más recientes muestran un panorama bastante diferente. Las entradas de capital en activos estadounidenses, no solo se reanudaron en mayo, sino que el total registrado durante el mes fue el más alto de la historia, lo que se debió en parte a las notables entradas procedentes de Canadá (véase el gráfico 4).

Dichos flujos no entraron únicamente en títulos del Tesoro estadounidense (con un rendimiento medio del 4,4% en mayo frente al 4,3% en abril, por lo que lo que atrajo a los inversores no fue un aumento significativo del rendimiento), sino también en renta variable, lo que muestra la confianza de los inversores en la capacidad de las empresas estadounidenses para continuar generando un crecimiento superior de los beneficios en el futuro.

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