Semanal de mercados: ¿Necesitamos un «barco más grande»?

En junio de 2023, después de que circulara por las redes sociales una foto de Jerome Powell en un concierto de The Grateful Dead, el presidente de la Reserva Federal reconoció haber sido fan de la banda de rock californiana durante más de 50 años. Más recientemente, el pasado 16 de abril, volvió a hacer referencia a la cultura pop al terminar su discurso sobre las perspectivas económicas con una frase de la película Todo en un día, «La vida va demasiado rápido», para señalar lo difícil que es hacer predicciones.

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Durante su discurso, Jerome Powell también señaló que la Reserva Federal estaba bien posicionada para esperar a que se calmara la «tormenta arancelaria» antes de plantearse realizar ningún ajuste a su política monetaria.

Los más cinéfilos recordarán que el personaje interpretado por Matthew Broderick en la mencionada película Todo en un día se perdía una clase de economía en la que el profesor comentaba hasta qué punto la Ley Hawley-Smoot de 1930, que elevó de manera significativa los aranceles, había agravado la Gran Depresión.

Nunca sabremos si esta referencia a la película fue lo que desencadenó la diatriba del presidente Donald Trump contra Jerome Powell, al que acusó de actuar siempre demasiado tarde y al que instó a recortar ya los tipos de interés. Está previsto que el mandato de Powell como presidente de la Reserva Federal llegue a su fin en mayo de 2026. Con sus comentarios, Trump parece estar cuestionando la independencia del banco central.

Tras las agresivas declaraciones realizadas por Trump el pasado 21 de abril, el mercado de renta variable estadounidense cayó un 2,4% (según el índice S&P 500). Las críticas de la Casa Blanca también afectaron al dólar en los mercados de divisas. Más tarde, el presidente suavizó sus comentarios y afirmó que nunca había tenido intención de despedir a Powell, pero volvió a presionar al presidente de la Reserva Federal para que bajara los tipos de interés, ya que, en su opinión, es un buen momento para hacerlo.

Durante la rueda de prensa del 17 de abril, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, había señalado que la independencia de los bancos centrales era esencial y había expresado su solidaridad con Powell.

Dejando de lado las presiones de carácter político, ¿qué nos dijeron los bancos centrales la semana pasada y qué podrían decirnos en los próximos meses?

Unas previsiones «inusualmente» complicadas 

El pasado 16 de abril, el Banco de Canadá se refirió expresamente al importante cambio de dirección que se había producido en la política comercial estadounidense y a la imprevisibilidad de los aranceles. La entidad ha elaborado dos escenarios sobre la posible evolución de la política comercial en Estados Unidos y su impacto en la economía.

Dos días antes, Christopher Waller, gobernador de la Reserva Federal, había hecho lo mismo, explicando que unos aranceles del 25% durante un periodo de tiempo prolongado marcarían un punto de inflexión fundamental para la economía estadounidense, con un rápido aumento de la inflación, una notable desaceleración del crecimiento y un incremento del desempleo.

En el escenario más favorable, se retirarían la mayoría de los aranceles anunciados y se mantendría una tasa media de aproximadamente el 10% (frente al 2,3% de 2024, según el ratio entre los derechos recaudados y las importaciones estadounidenses). En este caso, la inflación aumentaría de manera temporal al 3% para luego volver al 2%, el efecto negativo sobre el crecimiento sería limitado y la tasa de desempleo se mantendría estable.

Si bien un nivel elevado de aranceles (y de inflación) amenazaría el crecimiento económico y aumentaría el riesgo de recesión, lo que llevaría a la Reserva Federal a recortar los tipos de interés, un escenario más favorable (con una caída de la demanda y una menor presión inflacionista) permitiría que la entidad pudiera mantener el enfoque de prudencia en relación con los recortes de tipos que ha adoptado desde principios de año.

El gobernador Waller aclaró: «Sí, lo que estoy diciendo es que pienso que el aumento de la inflación va a tener carácter “temporal”, y temporal significa lo mismo que “transitorio”». Sus declaraciones tranquilizaron a los inversores tras el tono utilizado anteriormente por Jerome Powell.

Las expectativas de inflación podrían resultar cruciales

No todos los bancos centrales comparten la opinión de que la inflación no tiene por qué evitar los recortes de tipos. Según el Banco de Canadá, la política monetaria no puede resolver la incertidumbre comercial ni contrarrestar los efectos de una guerra comercial. «Lo que sí puede y debe hacer es mantener la estabilidad de los precios para los canadienses».

El BCE, que recortó el tipo oficial en 25 puntos básicos el pasado 17 de abril (y ya no considera que su política monetaria sea restrictiva, ya que el tipo de la facilidad de depósito se sitúa ya en el 2,25%), siguió insistiendo en que el proceso desinflacionista continúa, aunque reconoció que las perspectivas económicas se han visto ensombrecidas por una «incertidumbre excepcional».

Más allá de la retórica habitual sobre la necesidad de un enfoque político «reunión a reunión», la presidenta Lagarde señaló que no hay mejor momento que este para prestar atención a los datos y añadió que la entidad debe estar preparada para lo impredecible.

La encuesta realizada por el BCE a expertos en previsiones para el segundo trimestre de 2025 mostró una ligera revisión al alza (+0,1 puntos porcentuales) de las expectativas de inflación subyacente para el periodo comprendido entre 2025 y 2027, con una mediana sin cambios de las expectativas a más largo plazo.

Crisis de oferta para la economía estadounidense

Si dejamos a un lado la posibilidad de que el nivel de aranceles impuestos a las importaciones estadounidenses acabe ajustándose, la política comercial proteccionista del nuevo gobierno del país representa una crisis de oferta para la economía de Estados Unidos (con la reducción de los bienes que entran en el país, la interrupción de las cadenas de suministro y el fuerte aumento de los costes de producción).

Para el resto del mundo (y si no se anuncian contramedidas a gran escala), se trata de una crisis de demanda. De hecho, ese parece ser el objetivo del gobierno de Trump, que ha concentrado su aluvión de aranceles en los países que presentan grandes superávits comerciales con Estados Unidos.

A los bancos centrales les resulta más fácil responder a una crisis de demanda, ya que el resultado de dicha crisis es una ralentización de la actividad y una reducción de los precios. Una crisis de oferta puede derivar en un aumento de los precios a pesar de la caída de la actividad, lo que también se conoce como estanflación. Por eso Jerome Powell ha advertido de que, aunque es probable que el aumento de la inflación que provoquen los aranceles sea temporal, también podría prolongarse en el tiempo. En ese caso, la Reserva Federal tendría que hacer frente a un escenario complicado, con problemas para abordar los dos objetivos de su doble mandato.

Durante las últimas semanas, Powell se ha manifestado cada vez más prudente en su mensaje sobre la naturaleza de la inflación derivada de los aranceles.

Las actas de la reunión celebrada en marzo por el comité del banco central reflejaron una preocupación similar sobre el patrón de la inflación en los próximos meses. Algunos de sus miembros señalaron que el comité podría enfrentare a un dilema importante si la inflación acabara siendo más persistente de lo esperado y se debilitaran las perspectivas de crecimiento y empleo.

Múltiples incertidumbres

En su informe de política monetaria del mes de abril, el Banco de Canadá distingue dos niveles de incertidumbre comercial.

El primero está bien identificado y debería resolverse con el tiempo. Se refiere a la naturaleza y el alcance de los aranceles impuestos por Estados Unidos y de las posibles contramedidas que adopten sus socios comerciales, su duración y el resultado de futuras negociaciones. 

El segundo nivel tiene que ver con la reacción de los agentes económicos a estas numerosas incertidumbres y sus consecuencias.

 La falta de visibilidad sobre cómo se adaptarán a los aranceles las familias y las empresas es la razón por la que la crisis de demanda que se prevé fuera de Estados Unidos puede resultar difícil de gestionar para los bancos centrales. 

La presidenta Lagarde sugirió que la flexibilización monetaria debería continuar, lo que podría servir para tranquilizar a los agentes económicos, ya que demuestra confianza en la trayectoria a la baja de la inflación y de los riesgos para el crecimiento.

François Villeroy de Galhau, gobernador del Banque de France, afirmó que el riesgo de inflación relacionado con las tensiones comerciales parecía «bastante bajo» y que incluso podría estar disminuyendo.

El mensaje del BCE ha sido recibido alto y claro (véase el gráfico 1): en un escenario de importantes riesgos a la baja para el crecimiento y de gran incertidumbre en materia de política comercial, parece probable que el BCE siga recortando los tipos de interés. De hecho, los mercados y los economistas prevén una serie de recortes de aquí a final de año. 

Durante la última rueda de prensa del BCE, se hizo un comentario interesante sobre el nivel neutral de los tipos de interés. La presidenta Lagarde insistió en que el concepto de tipo neutral resulta útil en un mundo que no está sujeto a perturbaciones, ya que, por definición, se trata del tipo de interés que no tendría ningún efecto en una economía en equilibrio.

No cabe duda de que las perturbaciones que han experimentado los inversores y los mercados desde principios de año seguirán teniendo repercusiones en los próximos meses. El comentario de la presidenta del BCE podría servir para evitar cualquier debate interno que pudiera impedir lo que François Villeroy de Galhau describió como «pragmatismo ágil».

Más allá de los factores macroeconómicos mencionados, los inversores también pueden influir en la evolución de los mercados, mostrando, por ejemplo, una desconfianza masiva (repentina o generalizada) hacia los activos denominados en dólares.

El 16 de abril, Jerome Powell señaló que los mercados estaban funcionando como cabría esperar en un contexto de gran incertidumbre. 

Afirmó que la intervención no era necesaria, aunque la Reserva Federal estaba dispuesta a proporcionar liquidez en dólares estadounidenses a otros bancos centrales a través de sus líneas de swap si fuera necesario.

El gobernador del Banque de France ve el entorno actual como un «mar agitado» que requiere un rumbo claro y una hoja de ruta fiable.

Esperemos que los bancos centrales no tengan que recurrir a la frase de la película Tiburón, de Steven Spielberg, que se utiliza cuando resulta evidente que los recursos de los que dispone el personaje en cuestión no son los adecuados para resolver el problema que acaba de surgir: «Necesitará un barco más grande».

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