Con los precios de algunos productos básicos por las nubes, Robert-Alexandre Poujade analiza cómo puede afectar la invasión de Ucrania por parte de Rusia a la seguridad alimentaria y la sostenibilidad en general.
El precio mundial del trigo ha alcanzado máximos históricos [1]. El índice de precios de los alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha subido hasta situarse en niveles que no veíamos desde la crisis del petróleo de la década de 1970 [2]. Los mercados de futuros agrícolas señalan que los precios podrían seguir subiendo [3].
Aunque ya se preveía que los precios iban a seguir siendo elevados este año, gracias a la combinación de ciertos impactos climáticos físicos y un aumento de los costes de los insumos de la energía y los fertilizantes, parece que el conflicto de Ucrania podría provocar nuevas presiones inflacionistas.
Rusia, gravemente afectada por las sanciones, y Ucrania, que es donde se desarrolla la guerra, representan el 12% de todas las calorías (cereales y oleaginosas) que se comercializan en el mundo, así como el 30% del trigo mundial y el 25% de la cebada. Ucrania produce alrededor del 50% del aceite de girasol del mundo.
¿Cómo afectará todo esto a la cadena de valor?
Además del aumento del precio de los alimentos, el coste de los fertilizantes convencionales, por ejemplo, es tres veces superior a su media histórica a diez años [4].
Rusia es el mayor exportador de nitrógeno para fertilizantes. Junto a Bielorrusia, es responsable del 40% de las importaciones de potasa de la Unión Europea (UE). Rusia es también un importante proveedor de gas para los productores de fertilizantes.
Las interrupciones de suministro de gas están afectando a la producción de amoniaco en Europa. Una granja típica europea destina el 5% de sus costes a fertilizantes, el 8% a la energía y el 25% a piensos [5], por lo que la acumulación de subidas de precios podría provocar un fuerte incremento de la inflación.
A largo plazo, las soluciones alternativas (y más limpias) a la producción de fertilizantes, como la electrólisis del agua, cobrarán mayor importancia. Aunque será necesario invertir en ellas. Los costes y el plazo necesario para estos nuevos métodos de producción nos hacen plantearnos la disponibilidad de fertilizantes en 2023.
Todos estos factores llevan a ciertos productores de alimentos a prever una inflación de los costes de los insumos del 10-15%. Los llamamientos de países como España y Alemania a reducir el consumo de carne para combatir el cambio climático pueden verse favorecidos por este aumento de los precios.
En respuesta a esta situación, las empresas de servicios alimentarios tienen la oportunidad de replantearse sus compras de alimentos, lo que también podría tener un importante impacto positivo. Por ejemplo, un servicio de catering que pida decenas de miles de toneladas de frutas y verduras al año podría orientar la cadena de suministro de alimentos hacia una dirección más sostenible, animando a los proveedores a cambiar a los alimentos del futuro, como garbanzos y lentejas de producción nacional.
Consecuencias para la sostenibilidad
Los minoristas de alimentación de los países desarrollados pueden ser capaces de mitigar las subidas de precios, pero los países de rentas más bajas pueden tenerlo más complicado. Esta situación podría provocar un cierto malestar social, sobre todo porque los hogares con rentas más bajas gastan una mayor proporción de su presupuesto en alimentos que los de rentas más altas.
En términos más generales, el FMI señala que la crisis de los precios de los alimentos y el combustible provocada por el conflicto amenaza las perspectivas económicas del África subsahariana, ya que podría provocar hambrunas.
Algunas voces han reclamado que se intervenga y se cubra el déficit de producción de alimentos. Sin embargo, esta medida podría tener consecuencias en términos de pérdida de biodiversidad y cambio climático.
Los ministros de agricultura de la UE han pedido que Europa incremente los volúmenes agrícolas para ayudar a alimentar al norte de África y aumentar la producción y las cosechas. En Francia, se ha pedido que se suspenda el 4% de las tierras agrícolas reservadas en el marco de la estrategia «de la granja a la mesa» de la UE. Sin embargo, esta medida choca con los objetivos de la estrategia, que busca situar la sostenibilidad en el centro del sistema alimentario europeo.
Al otro lado del Atlántico, el lobby brasileño de la carne ABPA se ha declarado dispuesto a cubrir las carencias y apoyar la seguridad alimentaria de los países afectados por problemas de suministro, lo que podría provocar un aumento de la deforestación, que ya se sitúa en unos niveles sin precedentes.
Por otro lado, el presidente del país, Jair Bolsonaro, ha pedido que se levanten las restricciones a la minería en los territorios indígenas de la Amazonia para ayudar a aliviar las interrupciones del suministro de potasa. Brasil importa más del 80% de sus fertilizantes, y el 20% proceden de Rusia.
Aunque parece que el tratar de solucionar el déficit de producción supone una tentación obvia, estas medidas podrían acabar afectando a los límites planetarios, lo que a su vez afectaría al cambio climático. Sus efectos ya se están sumando a las presiones alimentarias. En Marruecos, una grave sequía ha reducido la producción de trigo y cebada en un 70%. La reciente ola de calor que se ha vivido en la India podría afectar a su intención de aumentar las exportaciones de trigo.
Una respuesta sostenible
En nuestra opinión, los inversores y los propietarios de activos, como nosotros, deberían trabajar con los productores, los minoristas y otros agentes de la cadena de valor alimentaria para contribuir al cambio hacia dietas que sean saludables para el planeta y abordar la estrecha relación entre la alimentación y el uso de la energía.
Pueden contribuir a la transformación del sistema alimentario, por ejemplo, invirtiendo en actividades que deben acelerarse, como el reciclaje de estiércol, la agricultura regenerativa y las técnicas agrícolas de precisión.
Las autoridades podrían animar a los agricultores a pasar a rebaños más pequeños y a un sistema integrado de cultivos y ganado, algo que podría formar parte de un cambio más amplio dirigido a cultivar más cosechas para el consumo humano directo, en lugar de apoyar la producción de carne.
En lo que se refiere a la energía, los desechos y residuos agrícolas pueden ayudar a la UE a lograr la autosuficiencia energética y a valorar aquellos productos que conllevan un riesgo medioambiental en términos de fuga de nutrientes.
Referencias
[1] Fuente: WSJ; marzo de 2022
[2] Fuente: FAO; abril de 2022
[3] Véase ‘Agricultural Commodity Markets Reaction to the Ukraine-Russia Conflict’; marzo de 2022
[4] Fuente: Bloomberg, previsión de BNP Paribas Exane
[5] Fuente: FAO, previsión de BNP Paribas Exane
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