Crecimiento estructural de China - De las oportunidades a las dificultades y los riesgos

Tras más de 40 años de reformas económicas, es posible que China esté pasando de una era de oportunidades de crecimiento a otra en la que experimente dificultades, caracterizada por la pérdida de impulso de las reformas, la resistencia al cambio y el descenso de las rentabilidades para los inversores.  De cara al futuro, ¿qué impulsará el crecimiento de China a largo plazo?

En nuestra opinión, los factores con más probabilidades de influir en la trayectoria de crecimiento de China a largo plazo son los siguientes: 

  • las consecuencias de los excesos económicos cometidos en el pasado;
  • un enfoque ideológico diferente del desarrollo;
  • una transformación económica estructural para resolver estos dos problemas. 

Estos factores podrían generar riesgos económicos y geopolíticos en los próximos años. Algunos analistas han establecido paralelismos entre el futuro de la segunda economía más grande del mundo y los problemas económicos experimentados por Japón y la antigua Unión Soviética en las décadas de 1980 y 1990.  Hay quien incluso prevé el fin de la trayectoria de crecimiento de China.

El crecimiento anual promedio de China entre 1980 y 2010 fue superior al 10%, una cifra que se ha reducido bajo el mandato del presidente Xi Jinping, al situarse en un 6,6% entre 2013 (cuando asumió la presidencia) y 2021.

Las consecuencias de los excesos económicos cometidos 

Un motivo fundamental de esta ralentización de la expansión económica es que el país está pagando por los excesos cometidos en la era del hipercrecimiento. Así lo declaró una fuente cercana al gobierno en una entrevista concedida en el año 2016. Según la prensa internacional[1], esta persona advertía del riesgo de que pudiese formarse una burbuja en la economía a consecuencia del aumento de la deuda.

Su argumento encajaba con la situación de endeudamiento excesivo del sector inmobiliario y expansión de las empresas estatales a través de la emisión de deuda observada desde la crisis económica mundial de 2008-2009. 

Consciente de la existencia de esta «bomba de relojería», en 2017 el presidente Xi Jinping puso en marcha una campaña para reducir la deuda y evitar así un estancamiento como el de Japón, con el consiguiente resultado: el crecimiento se ralentizó.

Cambio ideológico y estructural

Las ansias de liberalización económica dieron lugar a décadas de sólido crecimiento y desarrollo financiero. Se generó la expectativa de que China experimentaría una mayor apertura política y sería más democrática. Según algunos informes, las tendencias en materia de desarrollo económico a largo plazo suelen depender de la apertura de los sistemas políticos y la solidez de las instituciones públicas[2].

Estas expectativas promovieron políticas occidentales encaminadas a facilitar el ascenso económico de China mediante la apertura de la inversión y del comercio internacional. Muchas empresas occidentales, sobre todo estadounidenses, decidieron trasladar su capacidad de fabricación a China. 

Pero Xi Jinping, por el contrario, centralizó el poder. China ha vuelto a centrarse en el capitalismo estatal y ha dejado atrás el crecimiento impulsado por el sector privado[3]. Su autoritaria política exterior ha provocado conflictos con Estados Unidos en materia comercial y tecnológica, ha acercado el país a Rusia y ha aumentado la inquietud con respecto a Taiwán. La consiguiente intensificación de las tensiones geopolíticas ha generado una desglobalización aún mayor. Estas tensiones pueden acabar con algunos de los beneficios del crecimiento obtenidos por China.

Ante la intensificación de estas dificultades, el presidente chino ha puesto en marcha reformas para subsanar cuatro «faltas» registradas actualmente por su economía: la falta de estabilidad, la falta de equilibrio, la falta de coordinación y la falta de sostenibilidad. Sin embargo, los fuertes intereses creados se han resistido con fuerza a que se introduzca cualquier futuro cambio que pueda perjudicarlos.

Esta resistencia reduce las escasas rentabilidades de la inversión en esta economía (véase gráfico 1) y también es un reflejo la pérdida de impulso de las reformas en un régimen político que combina comercio y política, cultivando las prácticas rentistas y el riesgo moral.

Dificultades y riesgos

La reducción de las rentabilidades económicas plantea un desafío macroeconómico crucial que exige atención política inmediata. Sin embargo, la restructuración de la dirección que se produjo en el 20.º Congreso del Partido Comunista Chino celebrado en octubre de 2022 ha incrementado las preocupaciones por que un mayor control estatal pueda dejar a China acorralada en la trampa de la renta media, en la que un país pierde su ventaja competitiva inicial y no puede mantener el nivel de otras economías más desarrolladas. 

Tal vez el presidente no esté poniendo límites al sector privado, pero está reforzando el sector estatal. ¿Sufrirá ahora China otro síntoma de «japonización»? ¿Está abocada a padecer el tipo de estancamiento que puede provocar la colaboración entre un grupo dominante de empresas y una autoridad centralizada que cree que puede generar crecimiento subvencionando y protegiendo a dichas empresas? 

Una política industrial concebida para dominar todos los sectores importantes podría llevar aparejados ciertos éxitos, aunque a un coste elevado, pero también fracasos, por una distribución inadecuada de los recursos. 

Por otra parte, puesto que China adopta estándares distintos a los países occidentales en materia industrial y de alta tecnología, necesita hacerse rápidamente con el dominio del sistema mundial. De lo contrario, podría quedar aislada, al igual que le ocurrió a Japón con sus actividades en el sector de la tecnología móvil en los primeros años de desarrollo de esta rama de producción que ahora dominan Samsung y Apple.

El enfoque de Xi Jinping ha reducido la deuda y la corrupción[4]. Sin embargo, genera un riesgo de pérdida de personal clave, puesto que él acapara todo el poder[5]. Otro riesgo es el que plantea la instalación de comités del partido en todas las empresas públicas y privadas, en calidad de árbitros de las decisiones estratégicas. En el caso de algunos sectores o regiones, esto puede ser solo un pequeño escollo, pero en otros podría suponer un obstáculo más importante. En cualquier caso, constituye una posible amenaza para el crecimiento a largo plazo.

La «doble circulación» resulta crucial

La política de desarrollo de China elimina la vivienda como fuente de crecimiento prioritaria. La política de «doble circulación» actual hace mayor hincapié en la demanda interna[6].

Esta concentración en la demanda interna debería disipar las dudas sobre la dependencia de China del mercado mundial para seguir creciendo. Tras la crisis financiera mundial, las exportaciones han dejado de ser el motor del crecimiento económico y ahora lo es la demanda interna; de hecho, desde esa crisis, salvo en 2021, la contribución de las exportaciones ha sido escasa (véase gráfico 2). 

Pekín ha anunciado nuevos planes para los próximos 15 años destinados a expandir la demanda interna[7] y reforzar su compromiso de impulsar el crecimiento desde dentro. 

El problema fundamental

El giro que ha dado el presidente chino, al dejar atrás un liderazgo colectivo por un tiempo limitado y decantarse por la autocracia, podría reprimir el aumento de la productividad y también los incentivos para el sector privado.

Para ser justos[8], durante los veinte años previos a su mandato, los esfuerzos de descentralización de Pekín generaron importantes riesgos morales y problemas de corrupción. De hecho, algunos dirigentes locales con poder desafiaron las reformas del Gobierno central[9]. 

Desde la perspectiva de Xi Jinping, la única manera de terminar con la inercia es volver a centralizar el poder. Las democracias occidentales, por su parte, consideran que esa centralización constituye una apropiación de poder y un importante retroceso en el gobierno de China.

El tiempo dirá quién lleva razón. Para los inversores, es posible que la trayectoria de crecimiento de China no haya llegado a su fin. No dejen de consultar futuros análisis en este espacio.

Referencias

1 Por ejemplo, véase «China debt-fueled stimulus may lead to recession – People’s Daily». Reuters, 9 de mayo de 2016 (aquí)  

2 «Institutions As The Fundamental Cause of Long-Run Growth», Daron Acemoglu, Simon Johnson y James Robinson, informe 10481, Oficina Nacional de Estudios Económicos, Massachusetts, Cambridge, mayo de 2002; «The Role of Institutions in Growth and Development», Daron Acemoglu y James Robinson, Review of Economics and Institutions, volumen 1, núm. 2, otoño de 2010  

3 «The State Strikes Back: The End of Economic Reform in China?», de Nicholas Lardy, Instituto Peterson de Economía Internacional, enero de 2019  

4 «Chi Flash: China’s New Government, What’s New?» 24 de octubre de 2022 (aquí).  

5 «Chi on China: Mega Trends of China (6): Evolution of China’s Growth Model», 6 de abril de 2018 (aquí).  

6 «Chi on China: China’s ‘Dual Circulation’ Strategic Pivot to Counter External Exigencies and Global Demand Shift», 16 de septiembre de 2020 (aquí)  

7 «China Plans to Expand Domestic Demand to Spur Economy – State Media», Reuters, 14 de diciembre de 2022 (aquí)  

8 Véase referencia en nota 6  

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