Muchos inversores necesitan ingresos, pero no a cualquier precio. En un mundo cambiante, en el que incluso los mercados de deuda más “seguros” ven dispararse su volatilidad, ¿cómo puede un inversor obtener una renta estable?
Explotar un universo de inversión sin restricciones, aplicar un planteamiento flexible e informado y maximizar la diversificación podrían ser la clave para crear carteras resilientes con múltiples fuentes de ingresos.
La creciente necesidad de renta
Invertir en activos generadores de ingresos es una estrategia utilizada habitualmente para lograr una rentabilidad superior a la del efectivo, obtener un flujo de renta regular o suplementar otras fuentes de ingresos.
Estas estrategias son especialmente útiles para los inversores ya jubilados. Los cambios en la dinámica demográfica y del mercado de pensiones a nivel global podrían llevar a un mayor número de inversores a buscar flujos de renta estables y regulares.
En particular, la mayor longevidad de las personas y el descenso de las tasas de natalidad están provocando el envejecimiento poblacional en muchos países, lo cual plantea retos de financiación para los gobiernos. El ratio de dependencia de la vejez (que compara el número de personas con más de 65 años y la población en edad de trabajar) se está deteriorando y se anticipa que alcanzará el 50% en un mínimo de 20 países de cara a 2050, lo cual significa que habrá solamente un empleado por jubilado[1]. Tal cambio podría obligar a muchos países a elevar la edad de jubilación para las pensiones públicas, imponiendo una mayor responsabilidad a los jubilados para generar sus propios ingresos.
No obstante, la búsqueda de renta no es sencilla. Muchos inversores se aventuran en la renta variable o en áreas más arriesgadas de los mercados de deuda, asumiendo con ello mayores niveles de riesgo.
Un mundo más incierto
Tradicionalmente, la renta fija ha sido uno de los destinos por excelencia para el inversor en busca de ingresos: su propio nombre ya denota ingresos estables. No obstante, el panorama de deuda ha evolucionado de manera considerable en este primer cuarto de siglo. Inicialmente, el precio del dinero disminuyó de manera estructural, y la crisis financiera global condujo a un periodo prolongado de tipos de interés incluso negativos. En la década actual, la pandemia y la fuerte subida de la inflación han provocado volatilidad en todos los segmentos del mercado. Y ahora mismo, el agresivo programa económico del gobierno Trump está creando una incertidumbre creciente y generando nuevos altibajos, sobre todo para los treasuries americanos.
Tal variabilidad crea dispersión entre las regiones y segmentos que conforman el enorme universo de la renta fija. Esta dispersión puede dar pie a un fértil conjunto de oportunidades, ayudando a los inversores en busca de renta a potenciar su rentabilidad sin obligarles a asumir más riesgo en sus carteras.
La diversificación del riesgo en renta fija
Cuando la incertidumbre es elevada, es más importante si cabe encontrar maneras de elevar la resiliencia y la consistencia de las rentabilidades en nuestra cartera de inversión. En lugar de limitarse a “perseguir renta” o intentar pronosticar las subidas y bajadas del mercado, un enfoque de renta fija ágil y diversificado puede aportar resultados positivos sin elevar el riesgo o disminuir de manera significativa la rentabilidad esperada.
De hecho, en entornos inciertos, los inversores deberían mirar más allá de los refugios tradicionales de la deuda: el universo global de renta fija ofrece más posibilidades de diversificación y de gestión de riesgos, brindando suficiente protección para capear cualquier tormenta. Aplicando un ojo experto a las distintas facetas de la renta fija global (incluida la deuda pública, el crédito con grado de inversión y high yield, los bonos de mercados emergentes y los instrumentos estructurados) es posible encontrar activos que ofrecen rentabilidades adecuadas para el nivel de riesgo que conllevan.
Hoy en día, las rentabilidades al vencimiento (TIR) de la deuda soberana de Estados Unidos y Europa se hallan en máximos multianuales, con lo que estos títulos ofrecen una renta atractiva a los inversores. Los bonos corporativos con grado de inversión también son interesantes, aunque sus diferenciales por lo general estrechos (la TIR que ofrecen por encima de la del bono soberano de vencimiento equivalente) elevan su sensibilidad a cambios en el precio del dinero. Los sectores de crédito high yield (es decir, con calificación inferior a investment grade) y de deuda de mercados emergentes ofrecen mayores rentas capaces de amortiguar la volatilidad, pero suelen ser más sensibles a los caprichos del sentimiento inversor y al riesgo geopolítico.Al mismo tiempo, la exposición a clases de activo de renta fija como la deuda pública indexada (es decir, ligada a la inflación) puede proteger frente a subidas generalizadas de los precios, mientras que los productos estructurados (como los bonos de titulización de activos o ABS) ofrecen una manera de diversificar la exposición a la deuda corporativa, y los bonos a tipo flotante (incluidos los de titulización de préstamos o CLO) pueden mermar el impacto de fluctuaciones de los tipos de interés.
Diversificando sus posiciones en un abanico de regiones y de tipos de activo, una estrategia de renta fija global puede aportar una renta predecible, manteniendo al mismo tiempo niveles moderados de riesgo y preservando el capital a largo plazo.
Un enfoque sin restricciones
Para sacar el máximo partido al enorme conjunto de oportunidades en renta fija, una estrategia concentrada en las rentas necesita ser lo suficientemente ágil como para moverse de manera rápida y fluida por sectores, regiones y estructuras de capital.
Además, un enfoque dinámico debe tener flexibilidad para invertir en una amplia gama de valores de deuda sin estar vinculado a un índice de referencia específico. Esta libertad para invertir en cualquier sitio ayuda a evitar sesgos estructurales hacia regiones o tipos de activo concretos, pues permite al gestor plasmar en la cartera sus mejores ideas de inversión y evitar aquellas áreas que no ofrecen valoraciones atractivas. No obstante, un enfoque realmente desvinculado de un índice de referencia también exige disciplina de cartera y perspectivas especializadas, a fin de asegurar que el capital solamente se invierte en activos, mercados y valores cuya rentabilidad remunera adecuadamente el nivel de riesgo que conllevan.Teniendo plenamente en cuenta estos riesgos en el proceso de construcción, es posible conseguir una cartera capaz de rendir no solo si se materializa un escenario base, sino en un abanico mucho más amplio de coyunturas económicas.
En un mundo incierto y volátil, una estrategia de renta global debería contar con flexibilidad y resiliencia para estabilizar los flujos de ingresos y gestionar el riesgo.
Replantearse la inversión concentrada en la renta
Frente a un panorama de inversión menos seguro y más voluble, podría ser hora de reconsiderar su enfoque de ingresos alejándose de las estrategias tradicionales y persiguiendo mayores niveles de diversificación y flexibilidad.
En BNP Paribas Asset Management, nuestra estrategia Global Income aplica un enfoque dinámico y multisectorial para generar renta. Colaborando con especialistas de toda nuestra plataforma de renta fija, tratamos de encontrar una gama diversificada de las mejores ideas de inversión en deuda global para poder aportar una renta elevada y predecible en todas las fases del ciclo de mercado, con la estabilidad propia de los activos de mayor calidad.
Ver el fondo