La estabilidad y seguridad del suministro alimentario mundial ya no pueden darse por sentadas: múltiples factores elevan la demanda, mientras que el suministro corre peligro. Es evidente que debemos implementar cambios para asegurar que todos tenemos acceso a fuentes fiables de alimentos saludables y sostenibles.
Esta vez, no obstante, el impacto de la tecnología podría no bastar. También tendremos que replantearnos la gestión del sistema alimentario tradicional para asegurar su adaptabilidad, resiliencia y sostenibilidad.
Desafíos de demanda y suministro
La seguridad alimentaria es uno de los retos más importantes a los que se enfrenta el mundo. La convergencia de varios factores pone de relieve la fragilidad de la cadena de suministro agrícola y alimentaria.
Para empezar, la demanda está aumentando. Se prevé que la población global alcanzará los 10.000 millones de personas de cara a 20501 y esto creará una brecha del 56% entre la cantidad de calorías de cultivos producidas en 2010 y la demanda prevista para 20502. No obstante, las presiones sobre el suministro no proceden solamente del mayor número de bocas que alimentar: el aumento del nivel de vida y la migración del campo a la ciudad han conducido a un aumento del consumo de alimentos de origen animal intensivos en recursos.
En segundo lugar, las seguridad alimentaria también se enfrenta a retos de suministro. Durante la década actual, las cadenas de suministro globales se han visto trastocadas por la pandemia, la guerra en Ucrania y acontecimientos meteorológicos extremos. Según el Informe de Seguridad Alimentaria del Banco Mundial para diciembre de 2023, la preponderancia de la inseguridad alimentaria aguda a nivel mundial tocó techo en el 11,9% durante el periodo 2020-2022, y desde entonces no ha registrado más que un ligero descenso hasta el 11,6% (2022-2023)3.
Esto constituye un problema importante, porque limitarnos a elevar la producción de alimentos mediante métodos convencionales no es la solución. El acceso a suelo arable está disminuyendo, y el crecimiento del rendimiento se ha estancado. La producción alimentaria tendrá que lograrse de manera que se reduzca su impacto medioambiental y no sobrepase los límites del planeta. En lugar de limitarnos a tratar de elevar la cantidad de alimentos, debemos concentrarnos en mayor medida en proporcionar alimentos nutritivos y saludables.
Por último, se aplican prácticas derrochadoras en todas las fases de la cadena de suministro alimentaria, desde producción, procesamiento y venta al por menor hasta almacenamiento y transporte. El último Informe sobre el Índice de Desperdicio de Alimentos 2024 destaca que se perdió un 19% de las existencias disponibles para los consumidores, además de un 13% en la cadena de suministro4. La escala del desperdicio alimentario contribuye en gran medida al desequilibrio entre demanda y suministro y representa un obstáculo constante para la seguridad alimentaria.
El efecto dominó del cambio climático
La crisis climática se está convirtiendo en uno de los mayores peligros para la manera en que producimos alimentos. La creciente incidencia de acontecimientos meteorológicos extremos, combinada con el cambio climático, significa que muchas regiones agrícolas están cambiando o disminuyendo, lo cual conduce a menores rendimientos de cultivo.
En 2023, el impacto de La Niña y de El Niño (el calentamiento y enfriamiento de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial) redujo el suministro global de arroz, cuyos precios permanecieron elevados durante todo el año. Las fuertes lluvias en Europa el año pasado condujeron a una de las peores cosechas de patatas en la región, y un estudio reciente sugiere que los rendimientos globales podrían caer de un 18% a un 32% en los próximos 45 años5. Por último, el intenso calor y la sequía en el Mediterráneo redujeron en gran medida la humedad del suelo; esto afectó a los olivos, con lo que la producción de aceite de oliva en España se vio reducida en un 50% y provocó la consiguiente subida de sus precios[6].
El efecto dominó del cambio climático está incidiendo de manera profunda en la seguridad alimentaria global, limitando el suministro, elevando la inflación y fomentando el proteccionismo. En este contexto, es crucial implementar medidas de adaptación para conseguir un suministro alimentario más resiliente.
La tecnología fomenta el cambio a pequeña escala
Existen muchas soluciones en todas las áreas de la cadena de valor alimentaria y agrícola para abordar los problemas asociados con la seguridad alimentaria. En particular, la innovación proporciona nuevas opciones tecnológicas disruptivas, como la agricultura vertical, la fermentación de precisión y el desarrollo de sustitutos de la carne artificiales. En 2020, por ejemplo, Singapur se convirtió en el primer país del mundo en autorizar la venta de carne de laboratorio. Para un país pequeño, que importa en torno a un 90% de su comida, invertir en agrotecnología es crucial para garantizar su seguridad alimentaria.
No obstante, si bien las soluciones son prometedoras a pequeña escala, están lejos de poder abordar el reto en todas sus facetas. A este respecto, medidas más sencillas están surtiendo efecto. El acortamiento de las cadenas de suministro y las mejoras del equipamiento de manipulación de cereales y almacenamiento en frío están teniendo un impacto logístico significativo limitando el desperdicio. La tecnología agrícola de precisión facilita una gestión más eficiente de los recursos, mejorando la conservación del suelo, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y elevando la productividad de los cultivos. La comunidad agrícola también está comenzando a alejarse de la aplicación indiscriminada de fertilizantes y pesticidas y adoptando medidas más concentradas, lo cual también se ve facilitado por herramientas de agricultura de precisión.
Prácticas agrícolas sostenibles
La innovación está abordando asimismo cómo enfocar la agricultura en su conjunto. La agricultura regenerativa se concentra en formas de producción más sostenibles dirigidas a potenciar la biodiversidad, mejorar la regeneración y, sobre todo, desarrollar resiliencia frente al cambio climático.
Existen distintos métodos de cultivo regenerativo. La agricultura orgánica de cero o baja labranza, por ejemplo, minimiza el trastorno del suelo que contribuye a las emisiones de CO2, fomenta la salud del microbioma del suelo y limita el uso de fertilizantes químicos. La agrosilvicultura implica plantar más árboles, lo cual puede ayudar al ciclo de nutrientes (o reciclaje ecológico) y afianzar el suelo para evitar la erosión; a continuación pueden plantarse cultivos bajo estos árboles, ocupando distintos niveles por encima y por debajo del suelo, o dejar que el ganado paste entre los árboles, de manera que los animales se benefician de su follaje y su protección, mientras que sus excrementos aportan nutrientes al suelo.
Las prácticas de agricultura regenerativa pueden conllevar ventajas a largo plazo para los agricultores, mejorando la cantidad y la calidad de los cultivos, elevando la resiliencia frente al clima y proporcionando nuevos flujos de ingresos verdes, como por ejemplo pagos por captura y almacenamiento de carbono en el suelo. Tecnologías como el riego inteligente (que utiliza posicionamiento por satélite) podrían ayudar a la agricultura regenerativa, al igual que aplicaciones que fomentan el uso eficiente de agua y una aplicación más inteligente de fertilizantes.

Invertir para un futuro más sostenible
Como un contribuyente clave a las emisiones de carbono, el sistema agrícola y alimentario es tanto una causa como una víctima de los cambios planetarios actuales. El suministro de comida se ha visto afectado en todas las regiones del mundo y en todas las fases de la cadena de suministro, y la necesidad de cambio es indudable. Técnicas agrícolas que conducen a la restauración de ecosistemas presentan oportunidades atractivas a los inversores, sobre todo ahora que ciertos consumidores demandan un trayecto más sostenible de la granja a la mesa para los alimentos que consumen.
Las empresas que ofrecen soluciones innovadoras para el reto de la seguridad alimentaria desempeñan un papel importante en la transición hacia una economía más sostenible. El BNP Paribas SMaRT Food* se concentra en compañías de toda la cadena de valor de la alimentación sostenible que ofrecen soluciones a retos medioambientales y nutricionales, como por ejemplo productores de alimentos naturales y saludables, fabricantes de envases sostenibles y empresas que facilitan la reducción del despilfarro alimentario.
* SMaRT: Sustainably Manufactured and Responsibly Transformed food
[1] Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (DESA), 2017: World population projected to reach 9.8 billion in 2050, and 11.2 billion in 2100.
[2] Instituto de Recursos Mundiales (WRI), 2018: How to Sustainably Feed 10 Billion People by 2050, in 21 Charts.
[3] https://blogs.worldbank.org/en/agfood/food-security-trends-2024-and-beyond