En este extracto1, el equipo gestor del fondo BNP Paribas Aqua comenta cómo las tensas relaciones entre China y Estados Unidos han dado paso a un nuevo modus operandi en la economía mundial. Aunque las dos mayores economías del mundo se han comprometido a trabajar juntas en áreas como la acción por el clima, sus respectivos intereses geopolíticos enturbian la cooperación en otros ámbitos.
Los problemas de seguridad han llevado a Estados Unidos a endurecer los controles sobre las exportaciones de semiconductores de última generación a China y a prohibir la inversión estadounidense en ciertas empresas chinas de tecnología. A pesar de la mejora que se ha registrado en el tono de la relación entre Estados Unidos y China tras la cumbre celebrada el pasado mes de noviembre, que los medios estatales chinos describieron como «positiva, exhaustiva y constructiva», las perspectivas de convergencia parecen remotas.
La combinación de barreras comerciales, aranceles y grandes incentivos está favoreciendo la lenta relocalización de las cadenas de suministro y de la fabricación en sectores estratégicos fuera de China. Las fallas del Pacífico están planteando muchas dificultades a algunas empresas y están aumentando el precio de los bienes.
Sin embargo, la tendencia hacia la desvinculación podría reducir los riesgos relacionados con las cadenas de suministro en la economía mundial y ya está creando oportunidades de inversión.
La desvinculación de las economías puede mejorar la capacidad de resistencia e impulsar el crecimiento industrial
Ya hace tiempo que varios sectores importantes dejaron atrás el momento más álgido de la globalización. La duplicación de las cadenas de suministro genera costes que acaban teniendo que pagar los consumidores en forma de aumento de los precios o los contribuyentes a través de subvenciones. Sin embargo, un cierto grado de desvinculación económica de China, que domina ciertos aspectos de muchas de las principales industrias, podría contribuir a mejorar la capacidad de resistencia de la economía mundial.
El impacto operativo y económico de la pandemia de COVID-19 puso de manifiesto las vulnerabilidades relacionadas con las redes de fabricación de larga distancia que dependen de proveedores con un alto grado de concentración geográfica. Las restricciones nacionales ralentizaron y, en algunos casos, detuvieron el flujo de materias primas y productos terminados en todo el mundo, paralizando los procesos de fabricación.
Las ayudas gubernamentales pueden contribuir a desarrollar las cadenas de suministro y los distintos sectores a nivel nacional, así como favorecer su capacidad de resistencia en periodos de tensión. Pensemos, por ejemplo, en el sector de las baterías: China domina la cadena mundial de suministro de baterías de iones de litio, con el 75% de toda la capacidad de fabricación de células de baterías y el 90% de la producción de ánodos y electrolitos. Los incentivos fiscales que ha ofrecido el gobierno estadounidense a la fabricación local de componentes de vehículos eléctricos están impulsando la expansión del sector de reciclaje de baterías de iones de litio. Se prevé que su capacidad se multiplique por seis de aquí a 2030.
Por su parte, las medidas de estímulo fiscal aplicables a los sectores prioritarios favorecen el crecimiento local de dichos sectores y, por extensión, impulsan la demanda de otros sectores auxiliares.
Pensemos ahora en la fabricación de chips. Según el gobierno estadounidense, las empresas han anunciado inversiones por valor de 166.000 millones de dólares en la fabricación de semiconductores y productos electrónicos tras la aprobación en 2022 de la ley Chips and Science, que contempla ayudas directas por valor de 53.000 millones de dólares para la industria de fabricación de semiconductores.
En Estados Unidos se están construyendo más de una docena de grandes plantas de fabricación de chips, con un volumen total de inversión de 260.000 millones de dólares, según McKinsey. El efecto multiplicador de estas inversiones ofrece oportunidades a aquellas compañías cuyos productos y servicios se destinan a la construcción, el equipamiento y el mantenimiento de estas instalaciones. En nuestra opinión, el sector de alquiler de equipos es uno de los que están bien posicionados para impulsar el crecimiento industrial.
Por su parte, el gobierno chino persigue la autosuficiencia y el liderazgo mundial en una serie de sectores que considera importantes desde el punto de vista estratégico. Entre los objetivos nacionales en el sector de la alta tecnología se incluyen las tecnologías que son clave para las soluciones medioambientales, como los equipos de energías renovables y de automatización industrial y los vehículos eléctricos.
Cinco de los once mayores receptores de subvenciones estatales chinas en 2021, cuyo valor ascendió a unos 31.000 millones de dólares, fueron fabricantes de baterías o de vehículos eléctricos. Las ayudas estatales han dado lugar al mayor mercado de vehículos eléctricos del mundo, creando oportunidades para las compañías innovadoras (y susceptibles de inversión) de toda la cadena de suministro, tanto en hardware como en software.
La desvinculación es un proceso lento
Aunque los gobiernos de Estados Unidos y otros países han comenzado a tomar medidas destinadas a la diversificación de las cadenas de suministro, saben que no es algo que se pueda conseguir de la noche a la mañana. El pragmatismo suele prevalecer a corto plazo.
El sector de las baterías de vehículos eléctricos es un buen ejemplo de ello. En lugar de prohibir las importaciones chinas, el gobierno estadounidense está utilizando incentivos fiscales para favorecer el aumento de la producción nacional o, al menos, de países distintos a China. Solo los vehículos eléctricos cuyas baterías no estén fabricadas con componentes procedentes de China podrán optar a una desgravación fiscal de 7.500 dólares por vehículo. No obstante, las baterías fabricadas en Estados Unidos por compañías nacionales que utilicen tecnología patentada por empresas chinas sí que podrán optar a dicha desgravación.
En nuestra opinión, la preocupación que suscita la posibilidad de que las empresas occidentales pierdan acceso al mayor mercado del mundo de consumidores de clase media es exagerada. Tomemos como ejemplo el sector sanitario, en el que China es uno de los principales mercados como consecuencia del envejecimiento de su población. Las restricciones al acceso a los medicamentos desarrollados por grupos farmacéuticos extranjeros, que son habitualmente vendidos o fabricados por socios nacionales, afectarían a la salud de la población china.
No obstante, seguimos siendo conscientes de los posibles riesgos que podría traer consigo la desvinculación gradual de las economías china y estadounidense. Analizamos de manera activa qué sectores y qué partes de la cadena mundial de suministro se enfrentan a un mayor riesgo de tensiones geopolíticas, así como aquellos en los que pueden surgir oportunidades. Los mercados de baterías, energía solar y vehículos eléctricos son algunos de los que suscitan mayor interés.
La inestabilidad de los mercados internacionales genera riesgos y oportunidades que los inversores activos pueden perseguir. Un año 2024 repleto de elecciones importantes, entre las que destacan las de Taiwán y Estados Unidos, podría presentar tanto riesgos como oportunidades.
La derogación de la Ley para la Reducción de la Inflación no parece probable, independientemente del resultado de las elecciones
La Ley para la Reducción de la Inflación, que podría destinar más de un billón de dólares a incentivos para la energía limpia, se ha convertido en una cuestión importante de cara a las elecciones de 2024. El anterior presidente del país, Donald Trump, quien podría ser el próximo candidato del Partido Republicano, ha expresado su deseo de desmantelar la ley y acabar con las medidas de ayuda a la transición energética.
La capacidad de un presidente para revisar la legislación depende del respaldo del Congreso. Aun en el caso de que el Partido Republicano controlara la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Representantes, pensamos que la ley no se derogará.
Nuestra confianza se basa en la historia. A pesar de que Trump hizo campaña por la derogación de la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible (Affordable Care Act, conocida como «Obamacare»), esta derogación no llegó a llevarse a cabo en 2017, cuando el Partido Republicano tenía la mayoría en el Congreso. La Ley para la Reducción de la Inflación resultaría más difícil de derogar que la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible.
Desde su aprobación en 2022, el sector privado ha destinado más de 160.000 millones de dólares a la construcción de instalaciones de fabricación de energía limpia en estados que suelen tener mayorías republicanas en el Congreso. Los estados bisagra de Georgia y Michigan son dos de los principales destinos de la inversión en fabricación auspiciada por la Ley para la Reducción de la Inflación, con miles de nuevos puestos de trabajo en camino. La derogación de la ley no beneficiaría a estos estados ni a sus representantes electos.
La dinámica política de los distintos estados también es importante. En la actualidad, 17 estados estadounidenses cuentan con objetivos jurídicamente vinculantes de energía 100% limpia, que no pueden anularse a nivel federal.
No obstante, sí que existe la posibilidad real de que un gobierno de Trump impida la aplicación de ciertas disposiciones de la ley y dicte diversas órdenes ejecutivas destinadas a favorecer la producción de combustibles fósiles y reducir la acción climática.
Aunque la amenaza que suponen estas posibles medidas podría afectar a la confianza de los mercados, no cambia nuestra opinión sobre el impacto duradero de las medidas de apoyo político que se han aprobado hasta la fecha. Los fundamentales económicos de la electricidad renovable, los vehículos eléctricos y otras tecnologías medioambientales avanzadas han mejorado hasta el punto de poder competir con los operadores tradicionales, incluso sin el respaldo de las ayudas gubernamentales.
De hecho, según el FMI, las subvenciones mundiales a los combustibles fósiles representaron más del 7% del PIB mundial en 2022, superando con creces las ayudas a la energía limpia.
[1] Este artículo es un extracto del documento Outlook 2024 – Why prospects for a more sustainable economy remain undimmed
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