El tema de la inteligencia artificial (IA) lleva dos años dominando los mercados globales. Como fuerza disruptiva al frente de una cuarta revolución industrial, no sorprende que los sectores y empresas que impulsan y facilitan esta tecnología hayan visto dispararse sus cotizaciones.
No obstante, la transición a una nueva era nunca es lineal ni sencilla. La incertidumbre política y económica, unida a la aparición de nuevas empresas en el segmento, están cuestionando la tesis de la IA. Esta mayor volatilidad en el mundo de la IA subraya la importancia de un enfoque activo, que permita a los inversores sacar partido a esta tendencia positiva evitando al mismo tiempo caer en sus trampas.
La oportunidad de la IA todavía está presente
Existen poderosas razones para el optimismo en torno a los temas seculares vinculados con la transformación digital y la IA. Esta última mantiene su potencial de disrupción del mercado al cambiar de manera fundamental la manera en que operan las empresas, además de sentar las bases para la aparición de nuevos sectores de actividad. Si 2024 fue el año en que las compañías evaluaron la eficacia de la IA, 2025 podría ser escenario de un “efecto dominó”, adoptando estas nuevas herramientas de manera más generalizada e integrándolas en sus modelos de negocio.
Al mismo tiempo, las megacaps tecnológicas en Estados Unidos están protagonizando una “carrera armamentista” en este ámbito. Cuatro de las de mayor tamaño ya se han comprometido a gastar colectivamente más de 300.000 millones de dólares para desarrollar sus capacidades de IA en 2025, un aumento significativo respecto al gasto ya elevado en esta área en 20241. Recientemente, los inversores han comenzado a expresar sus dudas en torno a la sostenibilidad de esta tendencia de cara al futuro, y ahora descuentan una ralentización de la inversión. Nos parece prudente anticipar una trayectoria de crecimiento irregular, pero en nuestra opinión hay que evitar responder de manera exagerada al ruido a corto plazo, susceptible de nublar la vista del mercado en torno a lo que podría ser una de las innovaciones más disruptoras en una generación.
La IA sigue desarrollándose con rapidez, y nuevas aplicaciones continúan revelando nuevas capacidades, desde el razonamiento avanzado hasta la generación de imágenes y vídeos. Estas iteraciones constantes crearán eficiencias económicas para las empresas en un amplio abanico de sectores, así como nuevos usos prácticos para los consumidores.
El mercado descuenta un escenario perfecto
Una consecuencia del crecimiento vertiginoso experimentado por la IA desde finales de 2022 es que las valoraciones de muchas empresas relacionadas con esta tecnología comenzaron 2025 descontando un escenario ideal, con lo que ahora son muy sensibles a cualquier flujo de noticias inesperadas. Y de momento, 2025 ha sido un año con numerosas conmociones y sorpresas.
Ahora mismo, los mercados financieros se enfrentan a fuerzas no vinculadas directamente a los factores económicos habituales a corto plazo, sobre todo en Estados Unidos, donde la estrategia económica de la administración Trump está suscitando nerviosismo entre los inversores. Es bien sabido que la incertidumbre en el ámbito económico (como por ejemplo sobre las reglas del comercio internacional) y de política fiscal puede deteriorar el sentimiento, llevando a las empresas a aplazar decisiones de inversión y a los consumidores a postergar grandes compras. Sus efectos podrían frenar el crecimiento económico americano.
Un segundo desarrollo inesperado procedió de China, donde una empresa de nueva creación hasta la fecha desconocida presentó un modelo de lenguaje de gran tamaño de IA cuya eficiencia y desempeño desafiaron a los de los modelos estadounidenses más destacados. Inicialmente, este nuevo lanzamiento sembró dudas en torno a las valoraciones del sector tecnológico y el predominio de las compañías americanas en el campo de la IA. No obstante, tales avances también podrían acelerar la adopción de la IA, creando más demanda total. En otras palabras, los modelos de IA podrían estar sujetos a la paradoja de Jevons, un efecto descrito en 1865 por el economista británico William Jevons, que observó que los avances tecnológicos que condujeron a un uso más eficiente del carbón acabaron en última instancia por elevar el consumo total de este recurso.
Ante un entorno tan cambiante, no sorprende que los mercados hayan mostrado cierto nerviosismo. Aunque las acciones tecnológicas han estado al frente de estos episodios de volatilidad, la situación actual es muy diferente a la era puntocom, que acabó conduciendo al reventón de una burbuja bursátil. En esa época, las valoraciones eran a menudo el doble de la media del mercado, y el exceso de inversión en infraestructura fue soportado por empresas que no podían permitirse su infrautilización. Esta vez, las valoraciones de las mayores empresas están cerca de las del resto del universo2 y son muy inferiores a las de picos previos. Además, los grupos tecnológicos que lideran la inversión en infraestructura de IA lo están haciendo con una porción de sus flujos de caja anuales, en lugar de recurrir a los mercados de capitales para financiar este gasto en bienes de equipo o incluso de retirar liquidez de los fondos de emergencia de sus balances.
Dicho esto, los inversores no pueden perder de vista los varios riesgos y retos que plantea el tema de la IA a largo plazo, como por ejemplo expectativas de beneficio poco realistas y riesgos geopolíticos (especialmente en regiones con tecnología estratégica de semiconductores) capaces de poner en peligro las cadenas de suministro. Por último, para un tema tan dinámico e innovador, siempre existe el riesgo de que las empresas disruptoras sean objeto de disrupción ellas mismas. Un aspecto positivo es que, cuando los mercados muestran una actitud de “disparar primero y pensar después”, las anomalías de cotización resultantes pueden ser ventajosas para los inversores.
Más allá de las tecnologías de base y los facilitadores de la IA
Las empresas a la vanguardia del tema de la IA continúan ofreciendo numerosos atributos positivos y duraderos a los inversores. Para empezar, tienen negocios principales sólidos, pueden generar grandes cantidades de flujo de caja disponible, y son capaces de financiar su gasto en bienes de equipo sin necesidad de elevar su endeudamiento. A menudo, también están respaldadas por abundantes ventajas competitivas, como por ejemplo efectos de red o economías de escala.
Actualmente, estos líderes son los facilitadores de la IA, que ofrecen la infraestructura (servidores de computación en la nube) o las capacidades que permiten a los adoptadores desarrollar e implementar soluciones de IA, o proporcionan tecnologías de base como por ejemplo semiconductores y otros componentes clave. No obstante, otros sectores de actividad también se benefician del despliegue de la IA.
En el segmento del software, por ejemplo, los desarrolladores están sacando partido a esta tecnología para ayudarles a autocompletar código, lo cual está elevando drásticamente su productividad. Estas empresas también están integrando agentes de IA en sus productos, con objeto de hacerlos más útiles para sus clientes.
Los grupos industriales están diversificando sus líneas de producto para construir soluciones de refrigeración líquida, a fin de ayudar a solucionar problemas de calor en centros de datos o mejorar su eficiencia energética. Estas instalaciones para IA consumen tanta electricidad que el acceso a la misma se está convirtiendo en un gran problema en muchas regiones, impulsando la demanda de suministro de energía limpia y renovable.
La ciberseguridad también deberá reforzarse para combatir el peligro de que actores maliciosos utilicen herramientas de IA. Ahora que los modelos de IA actúan e interactúan entre sí con cada vez más autonomía, también es necesario que las máquinas sean identificables y autenticadas, de manera que los modelos adecuados se comuniquen entre sí y estén protegidos.
Sobre todo, el crecimiento de la IA y su creciente tasa de adopción muestran que invertir en tecnologías disruptivas no tiene por qué ser un tema limitado a un único sector. Existen muchos ganadores potenciales más allá del sector tecnológico, con oportunidades entre empresas de consumo, salud, industriales y financieras que ilustran cómo la nueva tecnología está transformando el mundo.
Aprovechando la amplitud de la oportunidad en empresas disruptoras
Con el vertiginoso ritmo al que avanza el desarrollo de la IA y la rápida evolución de los acontecimientos mundiales, no es tarea fácil distinguir entre las empresas capaces de montarse en esta ola de disrupción y aquellas que serán víctimas de la misma.
En BNP Paribas Asset Management, el BNP Paribas Disruptive Technology combina múltiples perspectivas para seleccionar las mejores oportunidades en el ámbito de la innovación. Pese a estar orientada a la tecnología, puede invertir en empresas de cualquier sector, siempre que dichos negocios lideren o se beneficien de avances tecnológicos. El equipo de expertos a su cargo permanece alerta a factores de riesgo y sigue confiando en las oportunidades a largo plazo centradas en soluciones innovadoras capaces de florecer en el nuevo orden mundial.
Ver el fondo[1] Amazon stock earnings cloud AI spending
[2] Talking Heads: Atención: riesgo de concentración
