¿Son los bosques la próxima gran clase de activo para la sostenibilidad? Robert-Alexandre Poujade sostiene que las soluciones basadas en la naturaleza son un área ignorada por los inversores a la hora de respaldar la transición hacia una economía con cero emisiones netas.
Cumplir los objetivos del Acuerdo de París y limitar la subida global de las temperaturas a menos de 2 °C exigirá recortar las emisiones netas de CO2 a cero de aquí a 2050.
La neutralidad de carbono se ha convertido en un objetivo primordial para organizaciones, gobiernos y empresas de todo el mundo. Muchos países están reforzando sus compromisos climáticos de cara a la cumbre COP27, que se celebrará en Egipto más entrado el año, y las autoridades están diseñando regulaciones para ayudar a lograrlos, por ejemplo plasmando objetivos de neutralidad de carbono en sus legislaciones.
Recortar las emisiones requiere elevados niveles de concentración y esfuerzo en todos los sectores de la economía. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) afirma que debemos invertir en actividades que eliminan CO2 de la atmósfera para poder cumplir los objetivos de París. No obstante, también es importante destacar que los ciclos de carbono naturales y las soluciones basadas en la naturaleza serán un componente crucial en la respuesta al cambio climático.
La silvicultura: parte de la solución
Los bosques juegan un papel clave en el ciclo global del carbono: actúan como los pulmones del planeta, eliminando y liberando dióxido de carbono en línea con los cambios estacionales.
La deforestación ha interrumpido este ciclo, soltando CO2 en la atmósfera y eliminando árboles capaces de almacenar nuevamente este gas a través de la regeneración. Proteger los bosques maduros y reforestar puede ayudar a mantener el carbono almacenado y elevar la capacidad de la naturaleza de extraerlo del aire. Un estudio reciente ha revelado que, entre 2001 y 2019, los bosques globales actuaron como un sumidero de carbono neto a través de su crecimiento natural, eliminando en torno a 7,6 gigatoneladas anuales de CO2 de la atmósfera.
No cabe duda de que el servicio que nos presta este ecosistema es de crucial importancia. Pero más allá de la lente de la neutralidad de carbono, los bosques nos aportan otras ventajas, como preservación de la biodiversidad y gestión hídrica. Desde este punto de vista, y en un mundo en el que el CO2 se valora cada vez más, la dinámica de los bosques como clase de activo está cambiando.
Tradicionalmente, la silvicultura se veía como una fuente de flujos de caja predecibles de productos como la madera, la celulosa y el papel, y se ha utilizado como cobertura frente a la inflación. Ahora, los bosques se han convertido en un medio clave de abordar las huellas de carbono, pero existen motivos adicionales para replantearse estos activos. Si se gestionan de forma sostenible, los bosques pueden proporcionar productos biológicos que reducen nuestra dependencia de materiales con grandes emisiones, como por ejemplo elementos de manera laminada para edificios en lugar de equivalentes de acero, cemento o plástico.
Tampoco hay que olvidar la generación de créditos de compensación de carbono, con los que los propietarios de bosques pueden reconocer y aprovechar su almacenamiento anual de carbono. Así, los inversores en bosques pueden beneficiarse de cualquier compensación que generen sus inversiones, reduciendo con ello las emisiones residuales de sus carteras. Al mismo tiempo, los créditos excedentes pueden venderse a terceros, pero en tal caso, solamente los compradores pueden reconocer su compensación potencial.
Un mercado de compensaciones de carbono de bosques podría alcanzar 800.000 millones de dólares de aquí a 2050, impulsado por inversores y empresas interesados en compensar emisiones inevitables [1]. BloombergNEF pronostica que los precios de los créditos podrían alcanzar hasta 215 dólares por tonelada, desde una media cercana a 2,50 dólares a día de hoy.
No obstante, es importante que los créditos de carbono de bosques se generen de forma cuidadosa y verificable en base a normas reconocidas, para asegurar una reducción de CO2 en el mundo real. Esto es necesario para evitar proyectos de baja calidad a través de los cuales entren créditos “basura” en el mercado, un problema que ha aquejado a los mercados de compensación. Las iniciativas que fomentan la confianza, como el Grupo de Trabajo para la Ampliación de los Mercados Voluntarios de Carbono (TSVCM por sus siglas en inglés) deberían ser de ayuda.
Los incendios forestales (como los sufridos recientemente en Francia y otros países europeos) son otro peligro para las compensaciones de carbono y para la permanencia del CO2 almacenado, y deberán tenerse en cuenta a la hora de diseñar proyectos de compensación efectivos.
Asignación estratégica de activos
Está quedando cada vez más claro que la mera reducción de las emisiones de CO2 por parte de las grandes empresas no bastará para alcanzar la neutralidad de carbono. Dadas las limitaciones de las tecnologías existentes, y pese a nuestros mejores esfuerzos, seguirán existiendo emisiones inevitables. Por este motivo, será crucial realizar una inversión significativa en reforestación, forestación y soluciones basadas en la naturaleza.
Fuente: The Inevitable Policy Response Project (UNPRI, 2019). Mha = millones de hectáreas
Creemos que la silvicultura constituye una clase de activo estratégica a la que los inversores institucionales tienen una exposición insuficiente. Actualmente, los inversores tienen en torno a 100.000 millones de dólares dedicados a la silvicultura, frente a unos 4 billones de dólares en private equity.
En nuestra opinión, los bosques son atractivos en términos de diversificación de cartera: ofrecen la perspectiva de rentabilidades positivas a través de subidas del precio del carbono y de la demanda creciente de madera procedente de fuentes sostenibles. Las recientes rondas de inflación de la madera ponen de relieve el valor financiero de esta importante materia prima [2]. Por otra parte, los bosques también respaldan la biodiversidad y la reducción de emisiones.
Para potenciar el atractivo de los bosques como inversión, uno deberá considerar las oportunidades y riesgos de las ventas de productos silvícolas tradicionales, y los nuevos relacionados con las compensaciones de carbono. Este es especialmente el caso en mercados emergentes, pues un 71% del potencial no realizado de secuestro de CO2 radica en ecosistemas tropicales.
También es importante considerar cómo cambiarán las políticas relacionadas con estos activos en el futuro. De forma similar al proyecto Inevitable Policy Response (IPR), podrían existir oportunidades para los inversores en una respuesta inevitable de financiación forestal. Los compromisos con la neutralidad de carbono, junto a la relativa asequibilidad y escalabilidad de soluciones climáticas basadas en la naturaleza, pueden ayudar a dar marcha atrás a la actual tendencia de deforestación. La previsión de política climática (FPS) del IPR contempla el cese de la pérdida neta de superficie forestal de aquí a 2030, así como la forestación y reforestación de 350 millones de hectáreas de cara a 2050. Deberá considerarse no solo la disponibilidad de suelo para reforestar, sino también su impacto sobre la producción alimentaria y los ecosistemas críticos de biodiversidad.
Creemos que existe un considerable potencial no realizado (y una oportunidad para los inversores) en lo que se refiere a la silvicultura, tanto para diversificar carteras como para respaldar los esfuerzos de reducción de emisiones de carbono.
Referencias
[1] An investor guide to negative emission technologies and the importance of land use (unpri.org).
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