Tal y como afirman Lisa Beauvilain, Johan Florén y Justin Winter, del equipo de gestión del BNP Paribas Aqua, la necesidad urgente de detectar, tratar y destruir las «sustancias químicas eternas» presentes en el agua y en el suelo que están afectando a la salud de las personas y los animales está atrayendo la atención de gobiernos, reguladores e inversores.
Los problemas relacionados con la calidad del agua son de vez en cuando objeto de atención. Se trata de problemas que no debemos pasar por alto, ya que plantean riesgos sistémicos para la biodiversidad, la salud humana y, por extensión, la economía mundial.
Los gobiernos y las entidades de regulación prestan una atención cada vez mayor a las sustancias poli y perfluoroalquiladas (PFAS), una familia de químicos sintéticos que vienen utilizándose desde la década de 1940 en aplicaciones diversas, desde las sartenes antiadherentes hasta las espumas ignífugas y los pesticidas.
Sin embargo, su alta estabilidad y su resistencia al agua y al aceite, que son precisamente las características que las hacen tan útiles, provocan que estas «sustancias químicas eternas» resulten también muy difíciles de eliminar.
Los riesgos para la salud asociados con las PFAS están provocando un aumento de la normativa y las acciones judiciales destinadas a limitar su uso futuro y a establecer objetivos para alcanzar unos niveles mucho más bajos en el agua potable.
La consultora AECOM calcula que hacer frente al problema de las PFAS supondrá un gasto superior a los 250.000 millones de dólares en todo el mundo. En nuestra opinión, este contexto podría crear múltiples oportunidades para aquellas empresas cuyos productos y servicios permitan detectar «sustancias químicas eternas», extraerlas del agua tratada y eliminarlas de forma segura.
PFAS por todas partes
La persistencia química de las PFAS ha favorecido su acumulación en las fuentes de agua y en el suelo, así como en las personas y los animales. Desde que comenzaron a analizar sangre humana en 1999, los Centros para el control y prevención de enfermedades de Estados Unidos han encontrado PFAS de manera sistemática en el 99% de la población analizada. La Agencia de Medioambiente del Reino Unido ha encontrado PFAS en el 96% de las muestras de agua analizadas.
Las sustancias químicas eternas se han relacionado con un aumento de la incidencia de algunos tipos de cáncer, con alteraciones hormonales y con retrasos en el desarrollo infantil. La exposición a las PFAS también está provocando problemas de salud en los animales.
La bioacumulación y la persistencia de estas sustancias hacen que resulte extremadamente difícil reducir su presencia en el agua potable hasta niveles considerados seguros para su consumo.
Sustancias químicas eternas, soluciones actuales
Identificamos oportunidades de inversión en tres amplias categorías de soluciones tecnológicas al problema de las PFAS:
- Detección: se trata de un proceso costoso que ha de realizarse en laboratorio. Los equipos de espectrometría de masas constituyen la tecnología estándar utilizada para analizar muestras y detectar la presencia de PFAS.
- Tratamiento: entre las tecnologías de eliminación actuales destacan la filtración por ósmosis inversa, las resinas de intercambio iónico y la filtración por carbón activado granular. Muchas compañías de suministros públicos ya utilizan estas tecnologías en sus plantas de tratamiento de agua. Con el tiempo, se podrían incluir tratamientos adicionales desde el propio grifo, lo que contribuiría a reducir los costes en todo el sistema.
- Eliminación: la incineración se considera el método más adecuado desde el punto de vista comercial. La oxidación supercrítica del agua, que utiliza altas temperaturas y presión para romper los enlaces químicos de los PFAS, ha dado buenos resultados, pero solo se aplica en algunas fábricas a escala comercial.
Impulso normativo
Las medidas normativas respaldan la demanda de este tipo de soluciones.
En Estados Unidos, la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) ha propuesto límites estrictos de sustancias químicas PFAS en el agua potable. La Unión Europea (UE) está estudiando la posibilidad de prohibir la producción, uso y venta de PFAS en aplicaciones no esenciales, tras haber restringido y eliminado de manera progresiva ciertas sustancias químicas. La Directiva revisada sobre agua potable de la UE incluye disposiciones para que los Estados miembros controlen y limiten las PFAS en el agua potable con el fin de proteger la salud pública.
La mayor sensibilización de la sociedad también podría favorecer el endurecimiento de la normativa. La preocupación por las posibles acciones judiciales está impulsando la inversión en el tratamiento de las aguas residuales in situ por parte de las empresas que fabrican productos con PFAS. Los efectos sobre la salud relacionados con las PFAS están dando lugar a demandas colectivas en nombre de comunidades que se han visto expuestas a niveles peligrosos. Las compañías de suministro de agua también están demandando a los fabricantes de PFAS.
Este tipo de acciones podrían ser solo la punta del iceberg: las demandas relacionadas con las PFAS podrían prolongarse durante décadas.
Oportunidades a largo plazo
Se prevé un rápido aumento del gasto para corregir la contaminación por PFAS y reducir los niveles existentes en el agua potable en las principales economías desarrolladas.
La Ley estadounidense de Inversión en Infraestructuras y Empleo de 2021 destinaba 4.000 millones de dólares para hacer frente a las PFAS y otros contaminantes del agua. Bank of America y la American Water Works Association han calculado que los costes de cumplimiento de las normas de agua potable propuestas por la EPA podrían ascender a 48.000 millones de dólares.

La solución al problema que plantean las PFAS a lo largo de las próximas décadas podría incluir soluciones como el desarrollo de productos que sustituyan a estas sustancias, que son vitales para ciertos sectores como la fabricación de semiconductores, la producción de hidrógeno, el envasado de alimentos, los textiles y los agentes contra incendios. La necesidad de reducir los niveles de PFAS en el agua y el suelo será cada vez más acuciante. En nuestra opinión, este contexto crea oportunidades de inversión que podrían prolongarse a lo largo de varias décadas en empresas especializadas en tecnologías de tratamiento y análisis de agua, así como en innovaciones que pueden convertir en cosa del pasado los problemas relacionados con las sustancias químicas eternas.