A primera vista, la inversión destinada a obtener resultados que se ajusten a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) puede parecer incompatible con el resultado de una cartera optimizada según la teoría moderna de carteras. Sin embargo, es posible que las evaluaciones tradicionales de riesgo-rendimiento no reflejen de forma apropiada las dificultades o los riesgos relacionados con las inversiones orientadas a la consecución de dichos objetivos. Por lo tanto, la evaluación del perfil ODS de las compañías en las que invertimos, que puede servir como indicador de sus externalidades, podría complementar los enfoques analíticos basados en la teoría moderna de carteras y contribuir a la capacidad de resistencia de la cartera o mejorar su rentabilidad ajustada al riesgo.
Recientemente, un creciente número de empresas han anunciado cómo pretenden integrar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en sus actividades y operaciones. Los 17 ODS [1], que se concretan en 169 metas y 232 indicadores, trazan una hoja de ruta universal hacia un mundo sostenible «libre de pobreza, hambre, enfermedad y miseria, donde toda la vida pueda prosperar» para 2030. Para algunos, se trata de los «más parecido a una estrategia de la Tierra» [2].
Al mismo tiempo, existe una demanda creciente por parte de los inversores de fondos de impacto y de fondos que integren cuestiones ESG [3], diseñados para alcanzar unos resultados positivos y cuantificables en la economía real en materia social y medioambiental. Según Global Impact Investing Network, el mercado para dichos productos creció más del 40% entre 2019 y 2020 [4].
El creciente interés por esta forma de inversión se ha traducido en el deseo de asignar el capital de conformidad con los ODS, considerados un marco de sostenibilidad de reconocimiento internacional. Con el fin de facilitar el acceso a los productos que se ajustan a dichos objetivos, los proveedores de servicios han creado herramientas que permiten evaluar la adecuación o contribución de las empresas a los ODS.
Estas herramientas suelen presentar dificultades metodológicas, que se ven agravadas por la falta de datos disponibles y de marcos comunes de cumplimiento de los ODS. No obstante, los inversores han acudido a estas herramientas y ahora abundan los materiales de marketing con coloridos pictogramas sobre los ODS que pretenden relacionar los fondos con los objetivos. Según una encuesta realizada en 2020 en el sector de los servicios financieros, el 50% de las gestoras tienen la intención de comenzar a evaluar las inversiones en función de los ODS [5].
Ante el creciente interés que despiertan la inversión de impacto y los productos ODS, parece natural querer analizar la relación entre los ODS, la rentabilidad de las inversiones y la teoría moderna de carteras, dada la ubicuidad de esta última en la gestión de inversiones.
Teorizando la teoría
La teoría moderna de carteras, utilizada fundamentalmente en el contexto de la optimización de la varianza media, establece un marco para crear una cartera de activos con la que se maximiza la rentabilidad esperada para un determinado nivel de riesgo asumido por el inversor.
Esta teoría se basa en una serie de premisas:
- Se debe compensar a los inversores que invierten en activos de mayor riesgo.
- Se puede reducir el riesgo de una cartera mediante la diversificación de activos no correlacionados.
- Los mercados son eficientes.
En términos más prácticos, los modelos de optimización de la varianza media basados en la teoría moderna de carteras se basan en datos históricos de riesgo y rentabilidad como información principal con el fin de identificar carteras «óptimas» [6] a lo largo de una frontera eficiente.
Las interpretaciones analíticas tradicionales de la teoría moderna de carteras no tienen en cuenta los ODS (ni las cuestiones ESG). Por lo general, los esfuerzos por integrar las cuestiones de sostenibilidad en los marcos de la teoría moderna de carteras adoptan la forma de una restricción exógena a la ecuación de optimización de la cartera de riesgo-rentabilidad, por ejemplo, la exposición mínima o máxima al objetivo X o Y. En virtud de los supuestos de la teoría de carteras, la adición de tal restricción aleja las inversiones de la frontera eficiente, haciéndolas parecer menos «óptimas».
ODS, mitigación del riesgo y capacidad de resistencia de la cartera
Curiosamente, una encuesta realizada por Global Impact Investing Network pone de manifiesto que dos terceras partes de los inversores de impacto tienen como objetivo generar una rentabilidad similar a la del mercado, mientras que el tercio restante está dispuesto a obtener una rentabilidad inferior para maximizar el impacto.
Gráfico 1: La mayoría de los inversores de impacto encuestados pretenden generar una rentabilidad similar a la del mercado, mientras que otros están dispuestos a aceptar una rentabilidad inferior

Fuente: Global Impact Investor Network, Encuesta anual a inversores de impacto 2020
Tal y como muestra el gráfico 1, podría existir un cierto conflicto entre el rendimiento y la maximización del impacto/adecuación de los ODS. Sin embargo, pensamos que también hay ciertos escenarios en los que la consideración del impacto de las inversiones en los ODS podría contribuir a mitigar el riesgo o incrementar el rendimiento, algo que podría no estar reflejado en las actuales valoraciones de mercado.
Este desajuste en los precios se debe al hecho de que los inversores no suelen prestar la debida atención a los riesgos sistémicos ni a las consideraciones relativas al ecosistema de mercado en sus decisiones de valoración y de asignación de activos, lo que se ve agravado por el hecho de que, frente a lo que presume la teoría moderna de carteras, los inversores no siempre tienen acceso a la misma información.
Todo ello puede provocar que los riesgos y las oportunidades que surgen de las externalidades negativas o positivas y que el cumplimiento de los ODS podría incorporar a la cartera no queden reflejados en las valoraciones actuales (por ejemplo, la exposición a activos verdes con ventajas normativas sería una externalidad positiva, la exposición a futuras multas por daños medioambientales sería una externalidad negativa).
En nuestra opinión, esta brecha de información y la oportunidad potencial que ofrece el desajuste en los precios se deben a la complejidad del análisis y al hecho de que estas cuestiones aún no están totalmente generalizadas o continúan considerándose un nicho. Como resultado, la consideración de los ODS podría contribuir a mitigar el riesgo de una cartera o contribuir a su capacidad de resistencia o su ventaja competitiva de un modo que el análisis basado en la teoría moderna de carteras no refleja.
Algunas voces del ámbito financiero han comenzado a reclamar un replanteamiento fundamental de la teoría moderna de carteras que favorezca la inclusión de los factores ESG o de los ODS. La idea sería que los inversores evaluaran la máxima rentabilidad posible no solo por el nivel de riesgo asumido, sino también por la puntuación ODS o ESG de una cartera [7], introduciendo así un tercer factor endógeno de igual ponderación en la construcción de la cartera [8].
Identificación de los factores favorables
Junto a la deficiente evaluación de los riesgos relacionada con las inversiones orientadas al cumplimiento de los ODS, pensamos que también existen oportunidades potenciales vinculadas al acceso a los conjuntos de beneficios de rápido crecimiento relacionados con la consecución de los ODS. Es posible que las valoraciones actuales no reflejen adecuadamente estas oportunidades. Se calcula que el déficit de financiación anual para alcanzar los ODS en 2030 se sitúa en 2,5 billones de dólares [9].
Por ejemplo, las empresas podrán ajustarse con mucha más facilidad a la normativa en materia del clima si ya han incorporado en sus modelos de negocio y de funcionamiento cómo pueden contribuir al ODS 7 (Energía asequible y no contaminante) y al ODS 13 (Acción por el clima). Y es probable que dicho ajuste resulte necesario.
Las entidades internacionales de regulación, como la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos y la Autoridad de Regulación Prudencial del Reino Unido, ya están fomentando el aumento de la información corporativa relacionada con el clima. Sin embargo, se prevé la aprobación de otras medidas que pillarán desprevenidas a aquellas empresas que no se preparen de antemano.
Por ejemplo, es probable que se otorgue una mayor importancia a los impuestos fronterizos sobre el carbono y a las nuevas normativas en materia de deforestación y medidas sectoriales, como las que se centran en los combustibles y las emisiones de la navegación y la aviación comerciales.
La iniciativa de «Respuesta Política Inevitable» en el marco de los Principios para la Inversión Responsable trata de cuantificar el impacto sobre la economía real y los mercados financieros del potencialmente desordenado aumento de la normativa. Como resultado, aquellas empresas que ya se guían por los mencionados ODS estarán mejor posicionadas para hacer frente a este endurecimiento de la normativa, ante el cual podrían contar también con una ventaja competitiva.
La normativa en materia de clima no es el único ámbito en el que las empresas que han integrado los ODS pueden tener una cierta ventaja. Las empresas que persiguen el ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico) pueden estar mejor situadas para atender las crecientes reivindicaciones encaminadas a que las organizaciones paguen a sus empleados un salario digno.
En definitiva, los gestores que invierten teniendo en cuenta los ODS podrían identificar los riesgos y oportunidades que han sido indebidamente valorados por el mercado y lograr unos resultados potencialmente más favorables que los «óptimos».
[1] Véase https://sdgs.un.org/goals
[2] Véase por ejemplo https://sloanreview.mit.edu/article/supporting-sustainable-development-goals-is-easier-than-you-might-think/
[3] Con criterios medioambientales, sociales y de gobierno corporativo
[4] Véase https://thegiin.org/assets/GIIN%20Annual%20Impact%20Investor%20Survey%202020.pdf
[6] El concepto de «óptimo» está intrínsecamente ligado a la teoría moderna de carteras y a la optimización de la varianza media, que a su vez presentan debilidades como: i) el uso de la volatilidad como única medida de riesgo; ii) la excesiva dependencia de los datos retrospectivos para el análisis y iii) el insuficiente reconocimiento de la incertidumbre y de los supuestos que rodean a las entradas de la optimización. Más información en https://www.top1000funds.com/2017/02/we-need-to-be-better-than-optimal/
[7]Véase por ejemplo https://www.unpri.org/academic-research/beyond-modern-portfolio-theory-how-investors-can-mitigate-systemic-risk-through-the-portfolio/538.article
[8] Véase por ejemplo https://core.ac.uk/download/pdf/189318713.pdf
[9] Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Informe de Inversión Mundial, 2014
Leer también:
- Inversión sostenible
- Nuevos informes: ESG y huella de carbono
- Entender la regulación Europea sobre sostenibilidad