La noción de la renta fija como activo esencial en una cartera de inversión se ha visto cuestionada en los últimos años. Una década de tipos de interés cero transformó a este mercado en un desierto para los inversores en busca de renta, y la era de subidas del precio del dinero para combatir la inflación ha permitido al efectivo convertirse en un refugio tan seguro como rentable. No obstante, a medida que el paisaje inversor evoluciona, vuelven a surgir oportunidades. Combinamos múltiples perspectivas para evaluar si ha llegado el momento para que los inversores vuelvan a concentrarse en la renta fija.
Mejora del panorama macroeconómico
El entorno macroeconómico lleva tiempo sin ser especialmente favorable para la renta fija. Tras la crisis financiera global, la política de tipos de interés cero de los bancos centrales dejó las rentabilidades al vencimiento (TIR) de la deuda en mínimos históricos, en algunos casos pasando incluso a territorio negativo. Acto seguido, las restricciones de oferta y la intervención fiscal durante la pandemia de COVID-19 impulsaron la inflación hasta sus mayores niveles de este siglo, y las autoridades respondieron de inmediato subiendo el precio del dinero para combatirla. Esto significó que los inversores, tras verse obligados a buscar renta en activos más arriesgados como la renta variable, la deuda de mercados emergentes o los alternativos, pudieron aparcar su liquidez de manera segura en instrumentos monetarios. Cuando las TIR alcanzaron el 5%, los inversores acudieron en masa a los fondos monetarios estadounidenses y estos activos alcanzaron un volumen récord de 6,7 billones de dólares a finales de 20241.
Ahora mismo, el panorama macro es más positivo para la renta fija. Las presiones inflacionarias han disminuido, y la economía global crece a un ritmo razonable, con niveles de paro bajos y estables. Además, tras verse obligados a actuar sin dilación por las dos crisis mencionadas, los bancos centrales han sabido embarcarse en el actual ciclo de relajación monetaria, si bien a diferente ritmo. Ahora que los tipos de interés están bajando y las TIR de la deuda se hallan en niveles atractivos, los inversores tienen incentivos para salir de la liquidez y volver a la renta fija.
Momento ideal para la renta fija
El sector ofrece oportunidades excelentes en este momento. Para empezar, los niveles de volatilidad se están normalizando. Tras verse inhibidos durante varios años por la era de flexibilización cuantitativa (QE) y más adelante por la inflación galopante, los mercados pueden ahora responder de nuevo a los fundamentales, lo cual está creando oportunidades. Además, dado que las autoridades monetarias ya no se ven obligadas a actuar de manera coordinada por la llegada de una crisis, la dispersión económica está añadiendo una capa adicional de posibilidades de inversión. Las diferencias en el momento y ritmo de los recortes del precio del dinero permiten a los inversores sacar partido a ineficiencias entre mercados y segmentos.
Por último, la renta fija ha recapturado algunas de las cualidades en las que los inversores han dependido en el pasado, como la preservación del capital, la liquidez y la diversificación. Estos atributos defensivos podrían resultar útiles ante eventuales obstáculos en un trasfondo de mercado siempre fluido y cambiante.
Todavía existen riesgos e incertidumbre
Aunque los pronósticos de consenso apuntan a un aterrizaje suave de las economías desarrolladas, tal desenlace no está ni mucho menos garantizado. El cambio en el panorama geopolítico, sobre todo con el segundo mandato presidencial de Donald Trump, podría representar un elemento de riesgo significativo.
La nueva administración estadounidense ha expresado claramente su rumbo en materia de impuestos, aranceles, desregulación, política exterior e inmigración, pero sigue sin estar claro cómo implementará tales políticas. Los esfuerzos de Trump para frenar la inmigración e imponer aranceles generalizados podrían ser inflacionarios, y este efecto podría verse exacerbado por el mayor crecimiento del gasto y el descenso del paro.
Todo apunta a que el impacto acumulado de los aranceles será muy superior a las medidas impuestas durante el primer mandato de Trump. Se perfilan como las mayores medidas proteccionistas (con creces) tomadas por EE. UU. desde la Segunda Guerra Mundial.
Los aranceles americanos son un shock de oferta autoimpuesto, reduciendo la cantidad de bienes disponibles en la economía y elevando sus precios. Esto representa un impulso hacia la estanflación, un entorno caracterizado por mayor inflación y menor crecimiento económico. Cuantificar dicho impulso resulta difícil, porque no sabemos cuánto durarán los aranceles, de qué manera van a ampliarse, o cómo responderán otros países.
Al mismo tiempo, el riesgo de una recesión en el país todavía no puede descartarse completamente. Se consideraba que Europa era la región con más riesgo de sufrir una recesión en 2025, pero la rapidez y magnitud de la expansión fiscal prevista en Alemania impulsarán el crecimiento económico.
Cualquiera de estos escenarios obligaría a un replanteamiento de la política monetaria, ya sea manteniendo tipos de interés más elevados en caso de inflación, o reduciéndolos con mayor rapidez de augurarse una recesión.
La fuerte subida del endeudamiento público, sobre todo en Europa, hace temer que los inversores no tarden en exigir mayores rentabilidades por el hecho de invertir en deuda soberana, convirtiéndose en «vigilantes de la deuda».

Si el presidente Trump implementa nuevos recortes impositivos, o los gobiernos europeos se endeudan más para financiar rápidamente el mayor gasto en defensa, los mercados podrían enfrentarse a volatilidad debido a fuerte aumento de las TIR.
Nunca puede asegurarse un desenlace perfecto para los mercados, pero es importante reconocer que la volatilidad genera dispersión, lo cual a su vez puede dar pie a un mayor número de oportunidades de inversión para las gestoras activas.
Oportunidades amplias
El mercado de renta fija no es homogéneo, y el atractivo de distintas partes de esta amplia clase de activo puede variar en función de la fase del ciclo en la que nos encontremos.
La deuda corporativa puede parecer cara, pero se anticipa que la demanda permanecerá elevada, beneficiándose en parte de la rotación desde fondos del mercado monetario cada vez menos rentables hacia fondos de crédito con mayores niveles de rentabilidad. En 2024, el volumen global de nuevas emisiones totalizó 9,3 billones de dólares, una subida del 20% respecto a los 7,7 billones de 20232 que fue absorbida fácilmente por el mercado. De cara a 2025 se prevé un crecimiento moderado de las emisiones gracias a la mayor inversión en IA y al crecimiento de la actividad de fusiones y adquisiciones, y no existe razón alguna para anticipar que el apetito por estos activos vaya a disminuir. En adelante, una oleada considerable de refinanciación corporativa también podría conducir a una subida de las TIR (y a un descenso de los precios de la deuda).
El segmento high yield en euros ha mostrado una buena evolución, con una volatilidad relativamente baja. Su resiliencia frente a conmociones externas y ante acontecimientos idiosincráticos negativos demuestra que este universo es más maduro y tiene una mayor calidad intrínseca que hace unos años. Dada la mejora del panorama económico europeo, sus perspectivas deberían permanecer atractivas.
La solidez de los fundamentales también es favorable para la deuda de mercados emergentes (ME). La mayoría de los bancos centrales de este universo iniciaron su ciclo de recortes antes que sus homólogos desarrollados, motivo por el que la deuda de ME podría verse como un mejor mercado para asumir riesgo de tipos de interés. No obstante, la selección de países sigue siendo crucial en este segmento.
Es hora de invertir en renta fija
El mundo nunca permanece quieto. Aunque el rápido cambio a nivel geopolítico y económico crea oportunidades de inversión, también eleva la incertidumbre y plantea nuevos retos.
En BNP Paribas Asset Management creemos que ahora podría ser el momento ideal para que la renta fija vuelva a ocupar el lugar que le corresponde en las carteras de los inversores, debido a su potencial para proporcionar tanto rentabilidades atractivas como refugio frente a desarrollos adversos. Analizando múltiples puntos de vista, nuestro objetivo es canalizar las oportunidades propiciadas por un mundo más volátil y generar rentabilidades sostenibles a largo plazo para nuestros clientes invirtiendo en renta fija.