Los bosques del planeta son un recurso esencial, pero a menudo pasado por alto. Además de jugar un papel crucial en la economía, también son importantes pilares para la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático. ¿Cómo puede este recurso natural fácilmente obtenible presentar la siguiente oportunidad de inversión sostenible?
La silvicultura: una fuerza económica desapercibida
Los bosques cubren una superficie de más de 4000 millones de hectáreas[1] (en torno al 30% de la tierra firme del planeta), incluyendo bosques que se regeneran de manera natural y bosques plantados por el hombre. Estos ecosistemas proporcionan numerosos bienes y servicios; eminentemente madera, pero también productos no madereros que pueden contribuir a la salud y el bienestar humanos (como alimentos, plantas medicinales y materias primas para productos farmacéuticos), así como cultura y ocio al aire libre (como deporte y turismo).

Además de ser una fuente importante de capital natural, el sector forestal representa un 1% de los empleos a nivel mundial, dando trabajo a más de 33 millones de personas[2]. Los bosques también prestan importantes servicios medioambientales, como por ejemplo purificación del aire y del agua, protección del suelo, reciclaje de nutrientes, secuestro de carbono y regulación del clima. Son uno de los refugios más importantes para la biodiversidad, proporcionando un hábitat natural a un amplísimo abanico de animales, plantas y otros organismos.
Pese las promesas realizadas por los líderes mundiales para poner fin a la deforestación de aquí a 2030, los bosques naturales siguen viéndose amenazados por la tala: en 2022 se perdió un área del tamaño de Dinamarca[3]. No obstante, las plantaciones comerciales de madera están comenzando a jugar un papel económico y medioambiental más productivo.
Demanda creciente de suministro sostenible
Pese a representar un mero 3% de la superficie forestal del mundo, la silvicultura sostenible produce una tercera parte de la madera industrial global[4]. La expectativa es que los bosques madereros comerciales representarán una proporción mucho más elevada de la producción mundial de madera, y la FAO prevé que la demanda global de este recurso aumentará de un 37% a un 60% entre 2020 y 2050.
Esta mayor demanda obedece a varios factores, entre ellos el crecimiento poblacional mundial, la urbanización, el aumento de la renta per cápita, la disponibilidad de madera y los desarrollos tecnológicos y de producto. Además, los consumidores también exigen de manera creciente que la madera sea certificada como sostenible, autenticada como procedente de fuentes responsables. Estas regulaciones medioambientales más estrictas deberían dirigir más si cabe el suministro de madera hacia las plantaciones sostenibles.
Otra fuente de demanda es la necesidad apremiante de descarbonizar el entorno construido. Los planes para reducir emisiones están empujando al sector de la construcción hacia un mayor uso de biomateriales, como por ejemplo la madera contralaminada (CLT), que tiene una huella de carbono mucho más baja que el acero o el cemento. Se prevé que el mercado CLT crecerá un 14,9% (TCAC[5]) de 2023 a 2030[6], y este material se ha empleado con éxito en estructuras complejas como rascacielos y puentes.
Ante tal crecimiento sostenido de la demanda, es indudable que surgirán presiones de oferta. La expectativa es que la demanda superará al suministro disponible en 2040, y que este desequilibrio conducirá a un aumento a largo plazo de los precios de la madera. Por consiguiente, invertir en bosques gestionados de manera sostenible podría ser una manera de beneficiarse de la creciente demanda de madera.
Fomentar soluciones climáticas y de biodiversidad
La silvicultura sostenible también ofrece a los inversores una manera factible de contribuir positivamente a la mitigación o adaptación al cambio climático, y de alcanzar varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos por Naciones Unidas.
Los bosques gestionados pueden jugar un papel importante en la lucha contra el cambio climático. Para empezar, tienen potencial de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a través de la prevención de la deforestación y de la degradación de los bosques. En segundo lugar, la gestión y restauración forestales pueden mantener o potenciar el papel de los bosques como sumideros de carbono. Por último, un mayor uso de productos de manera sostenible puede facilitar un mayor almacenamiento de carbono a largo plazo, y la sustitución de ciertos materiales puede evitar emisiones.
Por sí solas, las actividades relacionadas con la restauración de bosques y la reforestación podrían ofrecer más de un tercio de las respuestas necesarias de cara a 2030 para evitar un aumento de las temperaturas globales superior al umbral de 2 °C según lo estipulado en el Acuerdo de París.
Política y dinámica de mercado positivas
Dado que un 75% de los bosques del mundo están controlados por gobiernos, los desarrollos regulatorios pueden tener un impacto significativo en la gestión forestal. En particular, las políticas relativas a estrategias de abastecimiento responsable, desarrollo de energías renovables y normas de construcción verde deberían respaldar a la producción y el comercio de madera. No obstante, el giro hacia impuestos y créditos de carbono es lo que podría tener el mayor impacto en la silvicultura, al crear una fuente alternativa de ingresos.
Un crédito de carbono forestal se crea cuando los propietarios de bosques llevan a cabo proyectos específicos (por ejemplo de reforestación, conversión evitada y mejora de la gestión forestal) para elevar la capacidad de los bosques para absorber CO2, almacenar carbono o reducir, aplazar o evitar emisiones de CO2. A continuación, esto se monetiza a través de compradores de créditos de carbono registrados que desean compensar o neutralizar las emisiones de carbono de sus propias actividades, como por ejemplo viajes aéreos o procesos industriales.
Aunque el mercado de créditos de carbono ha tenido mala prensa en los últimos años, la demanda de créditos de carbono de calidad todavía es sólida. El mercado global tenía un tamaño estimado de 479.410 millones de dólares en 2023 y se prevé que crecerá a una TCAC del 39,4% desde 2024 hasta 2030[7]. Los créditos de carbono relacionados con la naturaleza, incluidos los forestales, pueden ofrecer valiosas ventajas medioambientales y sociales adicionales, como por ejemplo mayor biodiversidad, financiación para la conservación del suelo y creación de puestos de trabajo. De esta manera, pueden justificar precios superiores a los de créditos procedentes de soluciones técnicas.
Una opción de inversión positiva para la naturaleza y el clima
Para los inversores que desean incrementar su exposición a inversiones más verdes en áreas con bajas emisiones y alineadas con la lucha contra la crisis climática, la silvicultura sostenible ofrece una oportunidad palpable y ya disponible. Los bosques sostenibles representan un universo de inversión de unos 200.000 millones de dólares, de los cuales en torno a la mitad son inversiones en plantaciones ubicadas en EE. UU., un 21% en Latinoamérica, un 17% en Oceanía, un 9% en Europa y un 5% en Asia y África[8].
Pueden jugar un papel efectivo y significativo en carteras de inversión, debido a características distintivas como niveles atractivos de rentabilidad ajustada al riesgo, ingresos anuales estables, ventajas de diversificación (gracias a su baja correlación con otras clases de activo) y propiedades de cobertura frente a la inflación. Un aspecto único de este segmento es su capacidad para generar ingresos adicionales de otras fuentes complementarias, como arrendamientos recreativos, tasas por permisos de caza, servidumbres de conservación, venta de créditos de carbono o de mitigación, y arrendamientos para instalaciones de energía renovable. Asimismo, son especialmente adecuados para los inversores institucionales, ya que sus características de duración encajan con los pasivos y obligaciones a largo plazo de fondos de pensiones y aseguradoras.
No obstante, la inversión en explotación maderera sostenible no está exenta de riesgos: además de riesgos de mercado como la volatilidad de los precios de la madera, los riesgos físicos abarcan factores capaces de afectar al volumen y calidad de la madera, como por ejemplo incendios, tormentas, sequía, insectos y enfermedades. Al mismo tiempo, pueden surgir riesgos regulatorios y jurídicos debido a cambios en la normativa de uso del suelo, las leyes medioambientales, las certificaciones verdes o los códigos tributarios capaces de afectar negativamente a la rentabilidad de inversión en bosques responsables. Estos riesgos, eso sí, pueden mitigarse en su mayor parte mediante la diversificación de cartera por regiones, especies de árboles, grupos de edad, productos y mercados finales.
Una solución de capital natural para un mundo en evolución
La silvicultura sostenible representa una oportunidad interesante para los inversores, dado su papel como solución climática natural, sus atributos de inversión atractivos y el impulso de factores macroeconómicos como el crecimiento de la población, el aumento de la renta per cápita y la transición verde. En BNP Paribas Asset Management creemos que los bosques sostenibles pueden ayudar a crear resultados positivos en el mundo real junto a rentabilidades financieras destacadas para nuestros clientes. Nuestra estrategia proporciona cobertura frente a la inflación y potencial de revalorización del capital a través de oportunidades de inversión capaces de aportar asimismo ventajas medioambientales, climáticas y sociales.
[1] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 2020.
[2] https://blogs.worldbank.org/en/voices/forests-healthy-people-economies-and-ecosystems.
[3] https://wwf.panda.org/wwf_news/?10925941/Five-positive-signs-for-forests-in-2024.
[4] Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 2020.
[5] En tasa de crecimiento anual compuesto (TCAC).
[6] https://www.grandviewresearch.com/press-release/global-cross-laminated-timber-market.
[8] IWC y New Forests, 2021.