La producción de comida es esencial para la vida.
Sin embargo, nuestras prácticas agrícolas y de suministro alimentario actuales pueden ser derrochadoras e insostenibles. Para asegurar el abastecimiento alimentario, la producción debe tornarse regenerativa y resiliente. Dicha transición requerirá soluciones innovadoras en toda la cadena de valor alimentaria y podría crear oportunidades a largo plazo.
Prácticas alimentarias insostenibles
Durante el siglo XX, la maximización de la producción fue el objetivo que permitió la popularización de ciertas prácticas agrícolas intensivas en recursos, cuya gran dependencia de fertilizantes, pesticidas y otros métodos insostenibles hace que no sean adecuadas de cara al futuro. Además de sus costes medioambientales inadmisibles y el alto volumen de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que generan a nivel global, estas prácticas están privando rápidamente al planeta de los recursos vitales necesarios para producir suficiente comida.
Por otra parte, un volumen desmesurado de los alimentos producidos también se despilfarra en todas las fases de la cadena de valor. Transcurrida casi una década desde que la reducción del desperdicio de comida se designara como uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) definidos por Naciones Unidas, el avance logrado en este ámbito ha sido escaso. La ONU estima que hasta un 39% de la comida producida a nivel mundial no llega a consumirse[1].
El logro de un sistema de producción alimentaria seguro de cara al futuro requiere implementar cambios de inmediato.
Motores regulatorios y de consumo
Dos factores están contribuyendo a propiciar el cambio. Conscientes de los costes sociales y financieros de la inseguridad alimentaria, varios países se han fijado objetivos para abordar el despilfarro de comida. Estados Unidos, Japón y Australia son algunos de los que se han propuesto expresamente reducir a la mitad la pérdida de alimentos de aquí a 2030, mientras que otras naciones han promulgado leyes al respecto. España, por ejemplo, obliga a las empresas que conforman la cadena de suministro alimentaria (salvo los pequeños comercios) a contar con programas de reducción del desperdicio de alimentos.
Al mismo tiempo, existe un creciente reconocimiento político de la necesidad de reducir el impacto medioambiental de la agricultura, dada la contribución del sector a las emisiones globales de GEI. En la cumbre climática COP28 celebrada en 2023, gobiernos nacionales representando un 75% de la población mundial firmaron una declaración en la que se comprometían a avanzar en la transición hacia prácticas de producción de alimentos más sostenibles, a proteger y restaurar los ecosistemas naturales, y a intensificar la resiliencia y la adaptación al clima.
La iniciativa “De la granja a la mesa” de la UE se propone pasar a la acción acelerando la transición hacia un sistema alimentario más sostenible manteniendo al mismo tiempo el acceso a alimentos seguros, nutritivos y asequibles. Sin embargo, aunque estos esfuerzos legislativos son encomiables a largo plazo, han propiciado un rechazo a corto entre los agricultores debido a costes de producción crecientes, con protestas en toda Europa durante 2024.
Dicho esto, el aumento de la legislación no bastará para imponer el cambio. Muchos consumidores se muestran cada vez más conscientes del impacto medioambiental de sus decisiones alimentarias, sobre todo las generaciones más jóvenes. En una encuesta realizada en 2023 a consumidores estadounidenses, un 42% afirmó considerar siempre o a menudo el impacto de sus compras de comida sobre el medioambiente, el doble que en 2019[2]. Esto está ejerciendo presión sobre los productores alimentarios para que operen una cadena de suministro con mayores niveles de transparencia y trazabilidad.
Un enfoque más circular
La implementación de principios de economía circular en la producción de comida es una manera esencial de lograr la transformación necesaria de nuestros sistemas alimentarios. En lugar de prácticas que giran en torno a la extracción, una economía circular abarca procesos regenerativos, de reciclaje y de readecuación. En la práctica, esto significa reducir los insumos sintéticos y cerrar el bucle de recursos para impulsar la sostenibilidad y la resiliencia.
Esto puede implicar el reciclaje de residuos orgánicos como abono para mejorar la salud del suelo, animar a las empresas a concentrarse en readecuar los subproductos alimentarios y minimizar los deshechos, y respaldar la adopción de métodos agrícolas regenerativos, como por ejemplo el cultivo orgánico de cero o baja labranza.
Adoptar tales prácticas no solo abordaría ineficiencias en la cadena de suministro y el despilfarro alimentario, sino que también ayudaría a preservar los hábitats naturales y a reducir el impacto medioambiental de la agricultura.
Principales oportunidades de inversión
Desde una perspectiva de inversión, existen múltiples oportunidades para sacar partido a la transición hacia un suministro alimentario más circular, sostenible y seguro.
Las empresas ya están creando aditivos naturales para piensos derivados de plantas, minerales y microorganismos para mejorar la salud y el bienestar de los animales, sin muchas de las externalidades medioambientales negativas asociadas con los antibióticos y los aditivos nutricionales inorgánicos. En particular, ya se ha demostrado que el desarrollo de aditivos innovadores reduce las emisiones de metano asociadas con el ganado vacuno y los productos lácteos al suprimir la enzima que desencadena la producción de dicho gas en el estómago del animal.

La adopción de técnicas de agricultura de precisión ha elevado la eficiencia de las actividades agrícolas al reducir el volumen de insumos necesarios y recortar los costes financieros y medioambientales de la producción de alimentos. Por ejemplo, las tecnologías de guiado inteligente de maquinaria agrícola pueden ahorrar al agricultor medio un 10% de su consumo de gasóleo mediante una mejor optimización de rutas, mientras que la tecnología para la fumigación dirigida reduce el uso de herbicidas hasta en un 30%[3].
Para abordar el despilfarro, soluciones más eficientes de distribución de alimentos pueden ayudar a reducir las emisiones de GEI y mejorar el acceso a alimentos seguros, nutritivos y asequibles. Tecnologías de monitorización permiten a las cocinas profesionales identificar oportunidades para minimizar el desperdicio de alimentos mediante el seguimiento en tiempo real y la elaboración de informes, cuyo análisis puede reducir el derroche futuro.
Al mismo tiempo, la adopción de envases más sostenibles puede limitar el uso de plásticos desechables y reducir el de materiales de fibra virgen, uno de los motores de la deforestación. Las empresas están comenzando a implementar enfoques más circulares en este ámbito, utilizando envases reutilizables, reciclables y compostables. Se han desarrollado soluciones de envasado de fibras con propiedades de barrera para proteger el producto de humedad y asegurar periodos de conservación prolongados.
Conclusión
Lograr la seguridad alimentaria para la población mundial reduciendo al mismo tiempo el desperdicio es un reto de crucial importancia. Para asegurar una cadena de suministro de alimentos fiable y adecuada, empresas y grupos de interés clave deben adoptar prácticas económicas circulares, mejorar los métodos de producción, implementar políticas efectivas y desarrollar iniciativas educativas.
En BNP Paribas Asset Management creemos que la transición hacia un sistema alimentario más sostenible y resiliente creará oportunidades de inversión a largo plazo. El BNP Paribas SMaRT Food* se centra en inversiones en suministro alimentario sostenible, en un uso eficiente de los recursos y en el desarrollo de opciones nutritivas y saludables. Aplicando una lente temática, el equipo de inversión trata de construir una cartera diversificada de empresas que proporcionan soluciones medioambientales con perspectivas de crecimiento atractivas, evitando a aquellos negocios incapaces o reacios a adaptarse. Esto respalda nuestra meta de aportar rentabilidades a largo plazo a nuestros clientes junto a resultados en el mundo real alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.
*SMaRT: Sustainably Manufactured and Responsibly Transformed food
[1] Champions 12.3, 2021. SDG Target 12.3 on Food Loss and Waste: 2021 Progress Report.
[3] Nature Research, 2022.
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